- Solo el 30% de las pasturas forrajeras en Argentina recibe fertilización, dejando el 70% con producción subóptima.
- Los verdeos tienen una adopción de fertilización del 74%, mientras que las pasturas perennes solo alcanzan el 38%.
- Más del 90% de los pastizales naturales no reciben fertilización, lo que limita su potencial productivo.
- La urea es el fertilizante más utilizado, representando el 43% del mercado total de fertilizantes forrajeros.
- Los tratamientos de fertilización mejorada pueden aumentar la producción de pasto hasta 15.750 kg por hectárea, en comparación con 8.784 kg sin fertilización.
- La fertilización adecuada no solo incrementa la cantidad de pasto, sino también su calidad, mejorando la digestibilidad y el valor nutricional.
En la Argentina ganadera, el pasto se mantiene como el recurso forrajero más económico y esencial para la competitividad de los sistemas de carne y leche. Sin embargo, un reciente informe de la asociación Fertilizar revela que existe una brecha alarmante entre la producción actual de forraje y el potencial que el suelo y el clima pueden ofrecer. De las 11 millones de hectáreas forrajeras analizadas en las principales cuencas del país, solo un 30% recibe algún tipo de fertilización, lo que indica que el 70% de la superficie bajo pastoreo en la región pampeana está produciendo por debajo de sus capacidades debido a deficiencias nutricionales que limitan el crecimiento.
El estudio de Fertilizar destaca dos realidades contrastantes en el uso de recursos forrajeros. Por un lado, los verdeos, que representan el 40% del área sembrada, son los que más tecnología adoptan, con un 74% de fertilización y consumiendo el 60% del volumen total de fertilizantes destinados a cultivos forrajeros. Esto se debe a que los productores ven en los verdeos una herramienta eficaz para obtener volumen rápido de forraje, especialmente en invierno. Por otro lado, las pasturas perennes muestran un panorama preocupante, ya que solo el 38% de su superficie es fertilizada, y un 25% de los productores nunca fertiliza sus pasturas, dejando el cultivo a su suerte durante su vida útil promedio de seis años.
El informe también revela que más del 90% de los aproximadamente 6 millones de hectáreas de pastizales naturales en Argentina no reciben fertilización, lo que pone en evidencia la falta de inversión en tecnología y prácticas agrícolas que podrían mejorar la productividad. En total, el volumen de fertilizantes consumidos en las cuencas analizadas asciende a 240.000 toneladas anuales, cifra que podría alcanzar entre 250.000 y 260.000 toneladas si se considera el resto del país. Este consumo se divide casi equitativamente entre fósforo y nitrógeno, siendo el fósforo esencial para la persistencia de leguminosas como la alfalfa, que a su vez aportan nitrógeno al sistema.
Los datos de Fertilizar indican que la urea es el fertilizante más utilizado, representando el 43% del mercado total, mientras que los fosfatados, como el DAP y el MAP, son los más comunes en la fertilización de cultivos forrajeros. Los informes de los módulos demostrativos de Fertilizar de 2024-2025 en la cuenca del Salado confirman que la inversión en tecnología se traduce en un aumento significativo de la producción. En ensayos bajo pastoreo directo, los tratamientos de fertilización mejorada lograron una producción de 15.750 kg de materia seca por hectárea, en comparación con los apenas 8.784 kg de los testigos sin fertilizar, lo que representa solo el 56% del potencial de producción.
La mejora en la fertilización no solo incrementa la cantidad de pasto, sino que también eleva la calidad del forraje, mejorando la digestibilidad, la concentración de proteínas y el valor mineral. Esto permite adelantar el primer pastoreo de fin de invierno hasta en 30 días, un alivio crucial para los sistemas que enfrentan el “bache” forrajero invernal. En resumen, más de 11 millones de hectáreas de recursos forrajeros en Argentina carecen de una estrategia de fertilización adecuada, lo que representa un amplio margen para mejorar la productividad y sostenibilidad de los sistemas ganaderos. Un dato crítico es que, aunque el 54% de los productores se basa en recomendaciones de asesores técnicos, muchos no realizan análisis de suelo para definir las dosis de fertilización, lo que puede llevar a decisiones ineficaces.
La fertilización debe ser vista como una herramienta estratégica y no simplemente como un gasto. Los datos de Fertilizar sugieren que el potencial de crecimiento en la producción de carne y leche es enorme; el desafío para el productor ganadero radica en gestionar el fertilizante como un insumo clave para transformar la energía solar en kilos de carne de manera eficiente y sostenible. A futuro, será importante observar cómo los productores adoptan nuevas tecnologías y prácticas de fertilización, así como el impacto que esto tendrá en la productividad del sector ganadero argentino.
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