Brasil enfrenta un desafío fiscal crítico que no puede ser ignorado. Desde 2014, la deuda pública ha estado en una trayectoria ascendente, alcanzando niveles alarmantes. La deuda líquida del sector público se disparó del 32% del PIB en septiembre de 2015 al 65,3% proyectado para finales de 2025. Por su parte, la deuda bruta del gobierno general pasó del 52,2% en mayo de 2014 al 78,6% en diciembre de 2025. Este aumento en la deuda se ha dado a pesar de un crecimiento del PIB de aproximadamente 3% anual entre 2022 y 2025, lo que indica que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente para resolver el problema fiscal.

El principal problema radica en la reversión del resultado primario, que pasó de superávits de alrededor del 4% del PIB en los años 2000 a déficits recurrentes desde 2014. Este cambio ha sido acompañado por un costo de intereses que ya representa el 7,8% del PIB, contribuyendo a un déficit nominal que supera el 8% del PIB desde 2023. Este nivel de déficit es típicamente asociado con crisis fiscales, lo que aumenta el riesgo país y encarece el financiamiento para el gobierno brasileño.

Las proyecciones oficiales del PLDO 2027 indican que, incluso con una mejora en el resultado primario, la deuda bruta continuará aumentando hasta alcanzar aproximadamente el 87,8% del PIB en 2029, con una inflexión esperada solo a partir de 2030. Esto significa que, sin medidas adicionales, Brasil seguirá enfrentando un alto premio de riesgo, con los bonos a diez años ofreciendo una tasa de interés aproximadamente 9,5 puntos porcentuales superior a la de los bonos estadounidenses. Esta diferencia refleja la falta de confianza de los inversores en la capacidad del país para manejar su situación fiscal de manera efectiva.

Para abordar esta crisis, se han propuesto diversas medidas que podrían mejorar el resultado primario a un 2% del PIB para 2036. Entre estas medidas se incluyen la implementación efectiva del techo de personal, reformas en las pensiones, y la revisión de beneficios sociales. La reducción de la carga fiscal también es esencial, ya que el aumento de impuestos como el IOF y el impuesto de importación aleja a Brasil de las mejores prácticas internacionales. Además, es crucial revisar el salario mínimo, que ha incrementado el costo fiscal de manera significativa, lo que podría llevar a ajustes más moderados en el futuro.

A largo plazo, es vital recalibrar la regla fiscal actual, que se ha vuelto insostenible. La propuesta incluye establecer anclas de deuda combinadas con un planeamiento plurianual y la revisión de gastos. También se sugiere adoptar un enfoque más integral del control fiscal, diferenciando entre endeudarse para invertir y para cubrir gastos corrientes. Para que estas medidas sean efectivas, deben ser anunciadas y aprobadas en 2027, ya que no hay más tiempo para postergar el ajuste fiscal necesario.