Mientras el Gobierno argentino celebra la desaceleración de la inflación y la reducción del riesgo país, las pequeñas y medianas empresas (Pymes) enfrentan una realidad alarmante. Según el último informe del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA), el mercado laboral ha acumulado 26 meses consecutivos de deterioro, resultando en la pérdida de 364.554 empleos asalariados desde diciembre de 2023. Este panorama se agrava con el cierre de cerca de 25.000 empresas, muchas de ellas del sector industrial, que han dejado de operar en un contexto donde la actividad económica parece estar estancada para la mayoría de los actores productivos.

La dualidad de la economía argentina se hace evidente al contrastar los indicadores financieros que muestran cierta estabilidad con la realidad de un tejido productivo debilitado. Daniel Rosato, presidente de IPA, ha señalado que el crecimiento que celebra el Gobierno es un "espejismo", ya que se concentra en sectores extractivos y financieros que no generan empleo masivo. La industria manufacturera, por su parte, continúa perdiendo terreno, lo que plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de la recuperación económica en el país.

El aumento de los costos de producción, impulsado por tarifas y servicios regulados, se suma a la falta de competitividad que enfrentan las Pymes. El tipo de cambio se ha mantenido prácticamente inmóvil, mientras que los costos en pesos siguen creciendo a un ritmo superior al ajuste cambiario, lo que complica tanto las exportaciones como la competencia frente a productos importados. Esto ha llevado a los industriales a advertir que la economía se encarece en dólares todos los meses, lo que destruye la competitividad de las empresas locales.

La debilidad del consumo también se refleja en las cifras de ventas en supermercados, que han registrado una caída acumulada durante el primer trimestre del año. Además, el endeudamiento de las familias sigue en aumento, con cerca de seis de cada diez compras realizadas mediante tarjetas de crédito o mecanismos de financiamiento. Esta situación indica una pérdida de poder adquisitivo que afecta directamente a la capacidad de consumo de los hogares argentinos, lo que a su vez impacta en la actividad de las Pymes.

A pesar de que el saldo externo sigue siendo positivo, IPA ha calificado este superávit como un "superávit por compresión", resultado de la caída de las importaciones asociadas a la inversión productiva. Las compras de bienes de capital y piezas para la producción han registrado fuertes retrocesos, lo que anticipa una menor actividad futura. Los industriales han enfatizado que el crecimiento impulsado por sectores como la minería y el agro no es suficiente para compensar el deterioro del tejido productivo que genera empleo en el país. La estabilidad macroeconómica es necesaria, pero sin producción, inversión industrial y consumo, el desarrollo sostenible es prácticamente imposible.