El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció un notable incremento del 32% en el valor de las exportaciones del sector pesquero argentino, alcanzando los 867 millones de dólares en el primer cuatrimestre de 2026. Este crecimiento se atribuye principalmente a una mayor disponibilidad de calamar Illex, que ha dominado las exportaciones, representando casi el 45% del total. Sin embargo, esta cifra ha sido recibida con escepticismo por parte de los empresarios del sector, quienes advierten que este aumento no refleja una mejora estructural en la rentabilidad de la actividad pesquera.

Los datos revelan que el volumen de exportaciones también creció un 28%, alcanzando 249,412 toneladas en comparación con el mismo período de 2025. Entre los productos que más incrementaron sus despachos se encuentran el pescado fresco o refrigerado, con un aumento del 45%, seguido por los moluscos congelados y las preparaciones y conservas. A pesar de estos números positivos, los empresarios del sector han señalado que la crisis de rentabilidad persiste, exacerbada por el aumento en los costos operativos, como el gasoil, y la presión de los derechos de exportación que oscilan entre el 3% y el 9% según la especie.

Eduardo Boiero, presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (Capeca), ha enfatizado que el crecimiento en las exportaciones está fuertemente ligado a la captura de calamar, y no a una mejora generalizada del sector. La pesca de calamar, que depende de factores ambientales y biológicos, ha tenido un buen rendimiento en los primeros meses del año, pero esto no garantiza la sostenibilidad de la actividad a largo plazo. Boiero advierte que el aumento en las exportaciones no se traduce necesariamente en ganancias para las empresas, ya que muchos enfrentan pérdidas a pesar de un mayor volumen de ventas.

La situación es especialmente crítica para la flota fresquera con base en Mar del Plata, que se encuentra en una crisis de rentabilidad. La percepción de un crecimiento en las exportaciones puede llevar a una falsa sensación de estabilidad en el sector, cuando en realidad muchos armadores están luchando por mantenerse a flote. La falta de rentabilidad se debe a una combinación de factores, incluyendo el encarecimiento de insumos y la presión de los costos operativos, que han hecho que varios segmentos de la flota sean inviables.

A futuro, el sector pesquero podría experimentar una situación similar con el langostino, donde se espera un aumento en las cifras de exportación en los próximos meses. Sin embargo, esto no necesariamente implicará una mejora económica para las empresas, ya que la rentabilidad sigue siendo un desafío constante. Los datos de mayo, junio y julio serán cruciales para evaluar la situación del langostino y el impacto que tendrá en la economía pesquera en general. Los inversores deben estar atentos a estos desarrollos, ya que la salud del sector pesquero puede influir en el contexto económico más amplio de Argentina, especialmente en un momento en que la economía enfrenta múltiples desafíos.

En resumen, aunque las cifras de exportación del sector pesquero parecen positivas, la realidad es más compleja. La dependencia de especies específicas, como el calamar, y los problemas estructurales de rentabilidad plantean interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento en el sector. Los próximos meses serán decisivos para determinar si el aumento en las exportaciones se traduce en una recuperación real para la industria pesquera argentina.