En su primera rendición de cuentas, el presidente chileno José Antonio Kast abordó la situación fiscal del país, revelando que el déficit estructural alcanzó el 3,7% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025, más del doble del 1,6% que se había comprometido. Durante su discurso de 144 minutos, Kast optó por un enfoque conciliador, evitando la confrontación directa con su predecesor Gabriel Boric, pero no escatimó en críticas hacia la gestión financiera de su gobierno anterior. El mandatario argumentó que la situación económica es más compleja de lo que se había anticipado, señalando un deterioro significativo en las cuentas fiscales que podría tener repercusiones en la estabilidad económica del país.

Kast sustentó sus afirmaciones en el primer Informe de Finanzas Públicas (IFP) de su administración, donde el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, acusó a su antecesor, Nicolás Grau, de un “error” en el cálculo de la deuda pública para el período 2026-2030. Este tipo de críticas no son nuevas en el contexto chileno, donde los debates sobre la responsabilidad fiscal han sido recurrentes. Sin embargo, la magnitud del déficit actual plantea serias preguntas sobre la sostenibilidad de las políticas fiscales implementadas en los últimos años. Kast enfatizó que la diferencia entre vivir dentro de las posibilidades y gastar más de lo que se tiene es crucial para entender la situación actual del país.

Las proyecciones de ingresos realizadas por la administración de Boric también fueron objeto de cuestionamiento. Kast indicó que no solo se trató de un gasto excesivo, sino de promesas de ingresos que nunca se materializaron, lo que llevó a que los ingresos fiscales de 2025 terminaran casi dos puntos del PIB por debajo de lo presupuestado. Esta discrepancia en las estimaciones podría afectar la confianza de los inversores y la percepción del riesgo país, lo que podría tener un impacto directo en los mercados financieros y en la inversión extranjera en Chile.

Para los inversores, la situación fiscal de Chile es un indicador clave a seguir. Un déficit estructural elevado puede llevar a un aumento en la deuda pública y a un posible ajuste en las tasas de interés, lo que afectaría a los bonos y otros instrumentos de deuda. Además, la crítica de Kast hacia la gestión anterior podría generar incertidumbre en el corto plazo, afectando la confianza en el gobierno actual y su capacidad para implementar reformas necesarias. Los mercados podrían reaccionar a esta situación, especialmente si se percibe que la administración de Kast no logra estabilizar las finanzas públicas.

En el futuro, será fundamental monitorear las decisiones del gobierno de Kast en relación con la política fiscal y económica. La próxima presentación del presupuesto para 2027 será un evento clave, donde se espera que se delineen las estrategias para abordar el déficit y mejorar las proyecciones de ingresos. Asimismo, la respuesta del mercado a estas medidas será crucial para determinar la dirección de la economía chilena y su impacto en la región, especialmente en un contexto donde Brasil y otros países de Latinoamérica también enfrentan desafíos fiscales similares.