En mayo de 2026, el índice S&P 500 alcanzó un nuevo máximo histórico, impulsado por un aumento del 5.1% gracias a las acciones tecnológicas. En contraste, las acciones de Berkshire Hathaway apenas mostraron cambios, lo que ha llevado a que las acciones clase B de la compañía se encuentren 16.3 puntos porcentuales por detrás del S&P 500 en lo que va del año, la mayor diferencia registrada hasta ahora en 2026. Este cambio es significativo, dado que a finales de marzo, Berkshire tenía una pequeña ventaja de 1.8 puntos porcentuales sobre el índice.

El aumento del S&P 500 se debe principalmente a las expectativas de ganancias en inteligencia artificial (IA) y a la inversión masiva en infraestructura para soportar este crecimiento. En los meses de abril y mayo, el S&P 500 subió más del 35%, mientras que Berkshire experimentó una caída cercana al 11%. Esta divergencia en el rendimiento puede ser un indicativo de la creciente dependencia del mercado en sectores tecnológicos, mientras que Berkshire, bajo la dirección conservadora de Warren Buffett, mantiene una exposición mínima a la IA y una gran cantidad de efectivo, que asciende a casi $400 mil millones.

La estrategia de inversión de Berkshire se ha caracterizado por su enfoque conservador, evitando las burbujas tecnológicas, como se evidenció en la burbuja de las punto com a finales de los años 90. Sin embargo, en un movimiento que contrasta con su estilo habitual, el nuevo CEO Greg Abel aumentó la participación de la compañía en Alphabet, la empresa matriz de Google, a casi $22 mil millones, convirtiéndose en la quinta mayor inversión de su cartera. Este cambio podría reflejar un intento de Berkshire de adaptarse a las nuevas tendencias del mercado, aunque su exposición total a la IA sigue siendo relativamente baja.

Desde su máximo histórico en mayo del año pasado, las acciones de Berkshire han caído un 12%. Un análisis de 22V Research indica que la relación de rendimiento de Berkshire frente al S&P ha caído a sus niveles más bajos desde 2007, lo que sugiere un cambio en la dinámica del mercado. Este cambio podría ser un indicativo de que Berkshire ya no es el barómetro confiable del S&P que solía ser, lo que podría afectar la percepción de los inversores sobre la compañía y su estrategia a largo plazo.

Por otro lado, la Junta de Transporte Superficial de EE. UU. ha pausado la revisión de la fusión propuesta de $85 mil millones entre Union Pacific y Norfolk Southern, lo que podría tener implicaciones para las operaciones de Berkshire, que posee BNSF, una de las compañías ferroviarias más grandes del país. La regulación busca más información sobre cómo esta fusión afectaría la competencia en el sector. Dada la postura crítica de BNSF hacia la fusión, este desarrollo podría influir en la estrategia de Berkshire en el sector ferroviario y en su capacidad para competir en un mercado cada vez más consolidado.