Recientemente, durante el Painel BM&C, se discutió la baja competitividad de Brasil y cómo la autonomía económica de sus estados podría ser parte de la solución. Este debate se centra en la necesidad de adaptar las políticas fiscales y económicas a las realidades locales de un país con dimensiones continentales. El profesor Carlos Honorato Teixeira, de la FIA Business School, presentó un estudio que propone la creación de Zonas Económicas Especiales (ZEEs) como un mecanismo para elevar la competitividad tributaria y atraer inversiones.

El estudio revela que Brasil enfrenta una carga tributaria que alcanzó el 32,4% del PIB en 2025, posicionándose como la sexta más alta del mundo y la mayor entre las grandes economías emergentes. Esta elevada carga, combinada con un entorno de negocios caracterizado por la complejidad fiscal y la inseguridad jurídica, está afectando la capacidad de las empresas brasileñas para competir en un mercado global. Honorato argumenta que la centralización de decisiones en Brasilia limita la capacidad de las regiones para adaptarse a sus propias necesidades económicas.

En comparación, países como Estados Unidos y China han implementado modelos de autonomía regional que han demostrado ser efectivos. Por ejemplo, Delaware se ha convertido en un referente en atracción empresarial gracias a su entorno regulatorio favorable, mientras que las zonas económicas especiales en China han sido cruciales para su industrialización y aumento de exportaciones. En contraste, Brasil avanza lentamente en la creación de modelos que permitan a las regiones competir por inversiones.

El estudio de Honorato no solo propone las ZEEs como un beneficio aislado, sino como parte de un modelo de federalismo competitivo que permitiría a las regiones con vocaciones específicas atraer inversiones y generar empleo. Se identifican cinco pilares fundamentales para este modelo, que busca crear ambientes económicos más predecibles y competitivos. Itajaí se destaca como un posible laboratorio para implementar este modelo, dada su infraestructura portuaria y vocación logística.

Las implicancias de esta propuesta son significativas. Si se implementan correctamente, las ZEEs podrían transformar la estructura económica de Brasil, permitiendo a las regiones desarrollar sus propias vocaciones y atraer capital. Sin embargo, también existen riesgos asociados, como la posibilidad de una guerra fiscal entre estados y el aumento de desigualdades. La clave estará en diseñar un marco institucional que controle la competitividad regional y evite excepciones permanentes.

A futuro, será crucial observar cómo se desarrollan estas discusiones y si se implementan políticas concretas que permitan la creación de ZEEs. La capacidad de Brasil para competir en un entorno global cada vez más agresivo dependerá de su habilidad para adaptarse y ofrecer un entorno más favorable para las inversiones. Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán determinantes para el futuro económico del país.