Los informes provenientes de la city financiera reflejan una creciente preocupación sobre el impacto que las elecciones presidenciales de 2027 podrían tener en la economía argentina. A pesar de que aún falta más de un año para los comicios, el clima electoral ya influye en las decisiones de los inversores. La incertidumbre se acentúa debido a que varios aspectos del plan económico del gobierno actual no han logrado consolidarse, lo que genera dudas sobre la estabilidad futura del país. En este contexto, el mercado comienza a evaluar diferentes escenarios políticos y sus posibles repercusiones económicas.

La consultora 1816 ha señalado que la ansiedad del mercado en torno a las elecciones es inevitable, basándose en patrones históricos. En los últimos 20 años, los mayores aumentos diarios del índice Merval en dólares se registraron tras victorias de Javier Milei, mientras que las caídas más significativas coincidieron con derrotas de Macri y Milei. Esto sugiere que el resultado electoral puede tener un impacto directo en la confianza del inversor y, por ende, en la performance del mercado. Además, la pérdida de cohesión interna dentro del oficialismo y las dificultades para alcanzar acuerdos legislativos generan incertidumbre sobre la capacidad del gobierno para implementar reformas necesarias y manejar tensiones macroeconómicas futuras.

Un indicador que ha comenzado a preocupar a los analistas es el Índice de Confianza en el Gobierno, que ha caído durante seis meses consecutivos, aunque se mantiene cerca del 40%. Esta tendencia es similar a la observada en 2018, durante el gobierno de Macri, antes de que se produjera un 'sudden stop' en la economía. La falta de confianza podría traducirse en una mayor volatilidad en la valuación de activos si no se estabiliza en los próximos meses. Por otro lado, un reciente estudio de AtlasIntel/Bloomberg muestra un ligero repunte en la aprobación de Milei, que alcanzó casi el 40%, lo que podría estar relacionado con la desaceleración de la inflación.

Desde la consultora 1816 se proyecta que, en caso de un eventual triunfo del peronismo, el impacto negativo en los mercados podría ser mitigado por la transformación que está experimentando Argentina en el sector energético. En abril, el país registró un superávit energético de 1.402 millones de dólares, contribuyendo a una balanza comercial positiva de 2.710 millones de dólares. Se estima que, en el próximo mandato presidencial, el saldo comercial combinado de energía y minería podría alcanzar un promedio de 43.000 millones de dólares anuales, en contraste con los 1.000 millones de dólares durante la gestión de Alberto Fernández.

A pesar de estas proyecciones optimistas, el contexto actual sigue siendo frágil. La economía real muestra una fragmentación sectorial significativa, con sectores dinámicos coexistiendo con otros en recesión. El consumo privado sigue en niveles bajos, y la recuperación de los salarios reales es limitada. Esto sugiere que, aunque las cuentas externas podrían mejorar, la transmisión de estos beneficios al empleo y al consumo interno es estructuralmente limitada. De cara al futuro, será crucial observar cómo evoluciona la confianza del consumidor y la capacidad del gobierno para implementar políticas efectivas que sostengan el crecimiento económico en un entorno electoral incierto.