En Brasil, se ha aprobado un proyecto que busca implementar una reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales en un plazo de 14 meses. Este cambio se llevará a cabo en dos etapas: la primera reducción a 42 horas se realizará 60 días después de la promulgación de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC), y la segunda, a 40 horas, se implementará un año después. Este enfoque más acelerado contrasta con las estrategias adoptadas por otros países de América Latina, que han optado por transiciones más prolongadas, de hasta cinco años.

Por ejemplo, Colombia ha estado realizando ajustes desde 2021, cuando se aprobó la reducción del límite máximo de 48 a 42 horas semanales. Sin embargo, el primer recorte efectivo a 47 horas solo se concretó en 2023, y el objetivo final de 42 horas no se alcanzará hasta julio de este año, lo que representa un proceso de cinco años. Este gradualismo ha sido recomendado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que sugiere que las reducciones de jornada se implementen de manera progresiva para evitar impactos negativos en el empleo.

Chile y México también están en proceso de reducir sus jornadas laborales, pero con plazos más amplios. En Chile, la ley establece una transición de 45 a 40 horas semanales que comenzará en 2024 y se extenderá hasta 2028. En México, la reducción comenzará en enero de 2027, con un primer recorte a 46 horas, seguido de reducciones anuales hasta alcanzar las 40 horas en 2030. Este enfoque gradual permite a las empresas adaptarse sin comprometer la estabilidad laboral.

Las implicancias de estas reformas son significativas. En Colombia, por ejemplo, no se ha observado una caída en el empleo, lo que sugiere que la implementación progresiva ha permitido mantener el equilibrio en el mercado laboral. La flexibilidad en la organización del tiempo de trabajo, como la posibilidad de ajustar los turnos, ha sido clave para facilitar la transición. Esto podría ser un modelo a seguir para Brasil, donde la implementación rápida de cambios podría generar tensiones en el mercado laboral si no se maneja adecuadamente.

A futuro, será crucial observar cómo se desarrolla la implementación de la reducción de jornada en Brasil y su impacto en la productividad y el empleo. Con la primera reducción programada para dentro de 60 días, los empresarios y trabajadores deberán adaptarse rápidamente a este nuevo marco. Además, la experiencia de otros países en la región podría ofrecer lecciones valiosas sobre cómo gestionar esta transición sin afectar negativamente el crecimiento económico.