La Cámara de Diputados de Brasil aprobó el 27 de mayo de 2026, en dos turnos, la Propuesta de Emenda a la Constitución (PEC) que elimina la escala de trabajo 6x1, que consiste en seis días de trabajo seguidos de un día de descanso. La votación fue contundente, con 472 votos a favor y 22 en contra en la primera ronda, y 461 a favor y 19 en contra en la segunda. Esta reforma reduce la jornada laboral semanal de 44 a 40 horas, y establece la obligatoriedad de otorgar dos días de descanso a los trabajadores, uno de los cuales debe ser preferentemente un domingo.

El texto, que fue presentado por el diputado Leo Prates (Republicanos-PB), fue analizado en una comisión especial antes de su votación en el pleno. La propuesta necesitaba al menos 308 votos favorables para ser aprobada, lo que indica un fuerte apoyo político. Sin embargo, se intentaron presentar seis enmiendas para modificar el texto, las cuales fueron bloqueadas por la base gubernamental, que argumentó que las propuestas no eran viables. El líder del PT, Pedro Uczai, criticó al Partido Liberal (PL) por su postura en el debate, señalando que muchos de sus miembros habían propuesto una transición de diez años para la reducción de la jornada.

La PEC establece que el derecho a un día adicional de descanso comenzará a aplicarse 60 días después de su promulgación, y la primera fase de la reducción de la jornada a 42 horas se implementará en ese mismo plazo. La segunda fase, que llevará la jornada a 40 horas, se aplicará un año después. Este cambio legislativo afectará a más de 35 millones de trabajadores formales en Brasil, que actualmente laboran más de 40 horas semanales, lo que representa aproximadamente el 58,38% del total de empleados registrados.

La reducción de la jornada no podrá implicar una disminución salarial, lo que es un punto crucial para los trabajadores. En los 60 días posteriores a la promulgación, las empresas y las categorías laborales deberán negociar nuevos acuerdos y convenios colectivos para adaptarse a la nueva jornada máxima de 42 horas. Esto significa que las negociaciones serán clave para definir cómo se implementarán las nuevas reglas en cada sector, especialmente en áreas con necesidades especiales como salud y seguridad.

Desde una perspectiva económica, esta reforma podría tener implicancias significativas. La reducción de la jornada laboral podría contribuir a un aumento en la productividad, ya que se argumenta que trabajadores más descansados tienden a ser más eficientes. Sin embargo, el éxito de esta medida dependerá de cómo se implementen los nuevos acuerdos laborales y de la respuesta de las empresas. A futuro, será importante monitorear la aprobación de esta PEC en el Senado, donde se requieren al menos 49 votos en dos turnos para su promulgación definitiva. Este proceso podría extenderse en el tiempo, y su resultado influirá en el clima laboral y económico del país.

Por otro lado, el apoyo del gobierno de Lula a esta reforma sugiere una intención de modernizar el marco laboral en Brasil, lo que podría tener repercusiones en la inversión extranjera y en la percepción del país como un lugar atractivo para hacer negocios. La atención estará centrada en cómo se desarrollarán las negociaciones entre empresas y trabajadores en los próximos meses, así como en la respuesta del mercado laboral a estos cambios.