- La población ocupada en México creció en 552 mil personas en el primer trimestre de 2026.
- El empleo informal representó casi todo el crecimiento, con 583 mil nuevas plazas informales.
- El empleo formal sufrió una caída de aproximadamente 32 mil puestos en el mismo período.
- La tasa de condiciones críticas de ocupación subió a 38.6%, la cifra más alta desde 2005.
- La tasa de desempleo se situó en 2.6%, un ligero aumento respecto al año anterior.
- El empleo formal ha acumulado cinco trimestres consecutivos de caídas anuales, similar a períodos de recesión.
El primer trimestre de 2026 trajo noticias mixtas para el mercado laboral mexicano. La población ocupada aumentó en 552 mil personas en comparación con el mismo período del año anterior, alcanzando un total de 59.6 millones de ocupados. Este incremento representa la mayor cifra en siete trimestres, lo que podría parecer un signo positivo en medio de un entorno de desaceleración económica. Sin embargo, este crecimiento se ha visto impulsado principalmente por la informalidad y el autoempleo, lo que plantea serias preocupaciones sobre la calidad del empleo generado.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, de las 583 mil nuevas plazas creadas, 583 mil correspondieron al empleo informal, mientras que el empleo formal sufrió una caída de aproximadamente 32 mil puestos. Este fenómeno sugiere que, aunque el mercado laboral está absorbiendo trabajadores, lo está haciendo en condiciones precarias. La directora de análisis económico de Monex, Janneth Quiroz, destaca que el aumento de la informalidad y del autoempleo indica que la economía no está generando suficientes empleos formales de calidad, lo que podría tener repercusiones a largo plazo en el bienestar de los trabajadores.
Históricamente, el empleo formal en México ha mostrado una tendencia a la baja en tiempos de crisis. Actualmente, el empleo formal ha acumulado cinco trimestres consecutivos de caídas anuales, una dinámica que solo se había observado en períodos de recesión económica, como la crisis financiera de 2008-2009 y la pandemia de 2020. Este desplazamiento hacia la informalidad está funcionando como un amortiguador del desempleo, permitiendo que muchas personas encuentren trabajo en condiciones precarias en lugar de permanecer desocupadas. Sin embargo, este tipo de empleo no proporciona la estabilidad necesaria para fomentar un crecimiento económico sostenido.
El aumento de la informalidad también se refleja en la tasa de condiciones críticas de ocupación, que subió a 38.6%, la cifra más alta desde 2005. Esto indica que una gran parte de la población ocupada enfrenta jornadas laborales insuficientes o excesivas, acompañadas de bajos ingresos. La tasa de subocupación se mantuvo en 6.6%, similar al dato del primer trimestre del año pasado, mientras que la tasa de desempleo se situó en 2.6%, un ligero aumento respecto al 2.5% del año anterior. Estos datos sugieren que, aunque el desempleo abierto no ha aumentado significativamente, la calidad del empleo sigue siendo un problema crítico.
Mirando hacia el futuro, el principal riesgo es que el deterioro en la calidad del empleo afecte el consumo privado, dado que los trabajadores informales suelen tener ingresos más volátiles y menor acceso al crédito. Si la tendencia de informalización no se revierte, la economía nacional podría enfrentar desafíos significativos para generar valor agregado y crecimiento sostenible. Los analistas sugieren que se requiere inversión de capital para generar empleos de calidad, lo que podría ser un factor determinante para la recuperación económica en el mediano y largo plazo. Es crucial que los responsables de políticas implementen medidas que fomenten la formalización del empleo y mejoren las condiciones laborales para asegurar un crecimiento económico más robusto.
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