Las recientes pérdidas en el ecosistema de finanzas descentralizadas (DeFi) han llevado a las instituciones a cuestionar la viabilidad de invertir en este sector. En lo que va de 2026, se han registrado ocho ataques significativos a puentes de DeFi, con un total de pérdidas que ascienden a $328.6 millones. Este tipo de incidentes ha hecho que los analistas de JPMorgan se pregunten si los riesgos asociados a DeFi todavía justifican los rendimientos que ofrece. A pesar de la creciente adopción de criptomonedas y activos tokenizados, la seguridad de los puentes sigue siendo un desafío crítico para la industria.

Uno de los ataques más notorios fue el del puente Versus-Ethereum, que se suma a una lista creciente de exploits que han afectado a plataformas DeFi. Misha Putiatin, CEO de Statemind y cofundador del protocolo Symbiotic, ha señalado que las instituciones están cada vez más interesadas en explorar la exposición a DeFi, pero la frecuencia de los hackeos genera incertidumbre. En este contexto, las instituciones se encuentran en una encrucijada: si bien están dispuestas a considerar DeFi, las condiciones en las que lo hacen podrían transformar el sector hacia un modelo más parecido a las finanzas tradicionales, alejándose de la visión original de un sistema abierto y sin permisos.

La situación se complica aún más con la implicación del grupo Lazarus de Corea del Norte en el ataque al protocolo Drift, que resultó en una pérdida de $285 millones. Este ataque se llevó a cabo mediante una campaña de ingeniería social que involucró a contribuyentes de Drift en una conferencia de criptomonedas. Además, el ataque a KelpDAO drenó aproximadamente $290 millones, lo que llevó a una caída del valor total bloqueado en DeFi de casi $100 mil millones a $86 mil millones en solo dos días. Este tipo de eventos no solo afecta la confianza de los inversores, sino que también provoca salidas de capital de pools que no estaban directamente expuestos a los activos comprometidos.

Las implicancias para los inversores son significativas. La disminución de los rendimientos en DeFi, que actualmente ofrecen tasas de interés por debajo de las de instrumentos tradicionales como los bonos del Tesoro de EE. UU., ha llevado a muchos a reconsiderar su exposición. Por ejemplo, Tether (USDT) ofrece un rendimiento anual del 2.74% en el mercado de Aave, mientras que un bono del Tesoro a tres meses ofrece un 3.57%. Esta compresión de rendimientos, combinada con el aumento de los riesgos de seguridad, hace que la propuesta de valor de DeFi sea menos atractiva para muchos inversores institucionales.

A futuro, la industria de DeFi podría necesitar un sistema de seguros en cadena que permita evaluar y mitigar los riesgos de hackeo de manera efectiva. Putiatin sugiere que la creación de mecanismos de control y auditoría podría ser clave para restaurar la confianza en el sector. Sin embargo, hasta que se establezca una infraestructura adecuada, las instituciones que decidan entrar en el espacio DeFi lo harán bajo condiciones estrictas, lo que podría limitar la innovación y los beneficios que originalmente ofrecía esta tecnología. La falta de un marco confiable para la evaluación de riesgos podría seguir siendo un obstáculo importante para la adopción institucional de DeFi en el futuro cercano.