El consumo privado en México, que representa el 72% del producto interno bruto (PIB) y el 48% de la demanda total, muestra signos preocupantes de desaceleración. Según el Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) publicado por el INEGI, el crecimiento mensual fue de solo 0.1% en abril, tras un 0.4% en marzo. En términos anuales, el crecimiento se ha reducido drásticamente, pasando de 1.6% en marzo a apenas 0.5% en abril, lo que indica que el consumo se ha estancado en comparación con el mismo mes del año anterior.

El informe de la ANTAD también resalta esta tendencia, mostrando que las ventas a tiendas iguales crecieron un 4.4% nominal anual en abril, pero con una inflación general del 4.45%, el crecimiento real es prácticamente nulo. En particular, los precios de alimentos como frutas y verduras han aumentado considerablemente, con el jitomate subiendo un 121% anual. Esto sugiere que el consumo de bienes de primera necesidad está siendo severamente afectado, mientras que otros sectores, como las tiendas departamentales, están experimentando un crecimiento más robusto, con un aumento del 13% en ventas a tiendas iguales.

La polarización en el consumo se evidencia también en el mercado de vehículos ligeros, donde las ventas de autos nuevos crecieron un 8.6% en abril, pero los vehículos compactos, que son más accesibles, cayeron un 20.9% anual. En contraste, los autos de lujo y subcompactos han visto incrementos significativos en sus ventas. Este fenómeno de dos velocidades en el consumo no es normal y refleja una reestructuración del mercado, donde las clases medias y altas continúan gastando, mientras que los hogares de menores ingresos enfrentan dificultades.

Los factores que explican esta divergencia en el consumo son múltiples. Primero, el deterioro del ingreso laboral en la base de la pirámide ha sido notable, con un empleo formal que se ha enfriado y remesas que apenas crecieron un 0.4% anual en febrero. Segundo, la inflación de alimentos sigue siendo superior al promedio, lo que afecta desproporcionadamente a los hogares de menores ingresos. Tercero, aunque el Banco de México ha recortado las tasas de interés, el costo del crédito sigue siendo alto, lo que limita el acceso a financiamiento para bienes de consumo. Cuarto, la confianza del consumidor se ha visto afectada, con un índice que ha caído durante 16 meses consecutivos, aunque hay expectativas de mejora debido al Mundial de fútbol.

Mirando hacia el futuro, el Mundial de junio-julio podría impulsar el gasto en alimentos y servicios, mientras que la baja gradual de tasas podría facilitar el acceso al crédito. Sin embargo, el mercado laboral sigue débil y la inversión privada no muestra signos de repunte, lo que podría limitar la creación de empleo formal en el segundo semestre. En resumen, aunque el consumo no colapsará, la economía mexicana está operando a dos velocidades, lo que plantea desafíos para la mayoría de los hogares.

La reestructuración del consumo es un tema que merece seguimiento en los próximos meses, ya que las diferencias en el comportamiento del gasto podrían tener implicaciones significativas para las empresas y el mercado en general.