La crisis energética mundial ha alcanzado un nuevo umbral, con casi 80 países implementando medidas de emergencia para proteger sus economías. Este agravamiento se debe en gran parte a la guerra en Irán, que ha generado una presión significativa sobre los precios del petróleo. Paul Diggle, economista jefe de Aberdeen, ha señalado que su equipo está considerando un escenario en el que el petróleo Brent podría llegar a USD 180 por barril, lo que podría desencadenar una inflación severa y una recesión en Europa y Asia. Este aumento en los precios se produce en un contexto de caída récord de los inventarios globales de petróleo, lo que agrava aún más la situación.

El inicio del verano en el Hemisferio Norte ha incrementado la demanda de energía, especialmente de aire acondicionado y transporte, lo que ha llevado a una presión adicional sobre la oferta de petróleo, gasolina y diésel. La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha advertido que el consumo de petróleo superará la producción en aproximadamente 6 millones de barriles por día entre marzo y junio, con un déficit real que podría alcanzar entre 8 y 9 millones de barriles diarios. Esta situación ha llevado a los gobiernos a liberar reservas estratégicas, pero se estima que estas medidas solo serán efectivas hasta julio, lo que plantea un riesgo de racionamiento de combustible y paralización industrial en el futuro cercano.

En el contexto de la crisis, países como Australia han destinado USD 10 mil millones para aumentar sus reservas de combustible y fertilizantes, mientras que Francia ha decidido ajustar su apoyo estatal a la economía. En India, el gobierno ha instado a la población a evitar compras de oro y viajes al extranjero para preservar las reservas de divisas. La AIE ha informado que el número de países bajo medidas de emergencia ha aumentado de 55 a 76 en los últimos meses, lo que indica una creciente preocupación global por la estabilidad económica.

Las implicancias para los inversores son significativas. Con el petróleo Brent actualmente cotizando por encima de USD 105, los precios aún no han alcanzado niveles que frenen la demanda. Sin embargo, si los precios superan los USD 150, se anticipa un desabastecimiento físico y una interrupción en las cadenas de suministro, lo que podría llevar a una recesión global. En países en desarrollo, ya se están observando efectos adversos, como en Pakistán y Sri Lanka, donde se han implementado semanas laborales de cuatro días debido a la escasez de combustible.

A medida que la crisis energética avanza, es crucial monitorear la evolución del conflicto en el Medio Oriente y la situación en el Estrecho de Ormuz, que es vital para el tránsito de petróleo. Si el conflicto no se resuelve en las próximas semanas, la posibilidad de una recesión mundial se volverá más tangible. Los analistas de JPMorgan han advertido que los inventarios de los países de la OCDE podrían alcanzar niveles críticos de operación a principios de junio, lo que podría desencadenar una crisis aún más profunda en el suministro de energía a nivel global.