La escalada de conflictos en Medio Oriente ha llevado al mercado energético a un estado de alerta, con el precio del barril de crudo Brent alcanzando los u$s94,3, un incremento superior al 9%. La preocupación radica en que el umbral de los u$s100 podría convertirse en un nuevo piso de crisis, afectando a la economía global y, en particular, a la inflación.

Los informes de entidades financieras como Goldman Sachs y Barclays advierten sobre el riesgo de una interrupción prolongada en el suministro de petróleo, especialmente a través del Estrecho de Ormuz, que representa el 20% del crudo mundial. Si la situación no se resuelve pronto, se estima que el Brent podría superar los u$s100 antes de la próxima semana, lo que generaría un efecto dominó en los costos logísticos y en las cadenas de valor globales.

Para Argentina, el impacto de esta situación es dual. Por un lado, el aumento en el precio del petróleo podría beneficiar las exportaciones de Vaca Muerta, generando un ingreso extra de divisas. Sin embargo, también se anticipa un traslado inmediato a los precios de los combustibles y otros costos internos, lo que podría complicar la meta de desaceleración de precios en el mercado local.

Además, la respuesta de China al solicitar a sus refinerías que suspendan exportaciones de combustible indica que el mundo se está preparando para un escenario complicado. Con cerca de 150 tanqueros inactivos en la zona de conflicto, la reducción en la oferta de crudo podría acelerar el aumento de precios, lo que afectará tanto a la economía argentina como a la global.