La construcción de la nueva capital de Indonesia, Nusantara, se enfrenta a un panorama incierto a pocos años de su fecha de inauguración prevista para 2030. Originalmente, el proyecto, que comenzó en 2019 con un presupuesto de 33 mil millones de dólares, prometía ser una solución a los problemas de Jacarta, la ciudad más poblada del mundo, que enfrenta serios desafíos como inundaciones y un alarmante hundimiento del suelo. Sin embargo, el avance de las obras ha sido lento y las preocupaciones sobre su viabilidad han crecido, especialmente tras la llegada al poder de Prabowo Subianto, quien ha cambiado el enfoque del proyecto, limitando su financiamiento y generando dudas sobre su futuro.

Jacarta, con una población metropolitana de aproximadamente 42 millones de habitantes, se ha convertido en un símbolo del caos urbano. La ciudad, que se encuentra en una isla donde reside más de la mitad de la población de Indonesia, enfrenta problemas de tráfico crónico, presión sobre los servicios públicos y un crecimiento urbano desordenado. Además, su ubicación costera la hace vulnerable a inundaciones, exacerbadas por el cambio climático y la falta de infraestructura adecuada. En este contexto, la idea de trasladar la capital a Nusantara, situada en Borneo, parecía una solución lógica, pero la ejecución del plan ha sido cuestionada.

Desde que se puso la primera piedra en 2019, la construcción de Nusantara ha avanzado a un ritmo más lento de lo esperado. Aunque se habían completado algunos edificios gubernamentales y comerciales en 2024, el cambio de liderazgo en 2026 trajo consigo una reestructuración del proyecto. Subianto ha decidido que Nusantara será solo una 'capital política' en lugar de una capital plena, lo que ha generado incertidumbre sobre su futuro y ha reducido drásticamente el financiamiento anual del proyecto, que ahora se sitúa en solo 400 millones de dólares. Esto ha llevado a una disminución en la inversión privada y a preocupaciones de organismos internacionales sobre el impacto ambiental del proyecto.

La construcción de Nusantara ha implicado la deforestación de más de 2,000 hectáreas de manglares, lo que ha afectado a las comunidades locales y a la biodiversidad de la región. A pesar de las promesas del gobierno de que el proyecto no causará impactos ambientales significativos, la realidad es que la construcción ha alterado la vida de los pueblos indígenas y ha puesto en riesgo especies en peligro de extinción. La falta de un marco legal claro sobre la categoría de 'capital política' también ha suscitado dudas sobre la viabilidad a largo plazo de Nusantara.

De cara al futuro, la situación de Nusantara es un tema a seguir de cerca. La fecha de 2028, cuando se espera que el presidente se traslade a la nueva capital, se acerca rápidamente. Sin embargo, la población de Nusantara está proyectada para ser de poco más de un millón de personas, lo que plantea la pregunta de si realmente aliviará los problemas de Jacarta, que seguirá siendo hogar de 40 millones de habitantes. La historia de otras capitales construidas desde cero, como Brasilia, sugiere que el éxito de Nusantara dependerá de su capacidad para atraer a la población y ofrecer servicios adecuados, algo que aún está en duda.