La agropecuaria brasileña, que ha sido un pilar fundamental de la economía nacional, experimentó un crecimiento del 11,7% en 2025, con una participación en el Producto Interno Bruto (PIB) que aumentó del 6,7% en 2022 al 7,1% en 2025. Sin embargo, las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente han comenzado a afectar este sector vital. Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán a finales de febrero, las exportaciones brasileñas hacia la región han sufrido una caída significativa, con un descenso del 26% en marzo de 2026, pasando de 1,2 mil millones de dólares a 882 millones de dólares en comparación con el mismo mes del año anterior.

El impacto de este conflicto es particularmente preocupante para Brasil, que es el líder global en exportaciones de productos como el pollo, que representa el 30% de las exportaciones brasileñas hacia el Medio Oriente. A pesar de los esfuerzos para mantener el flujo de 200 contenedores diarios hacia la región, la Asociación Brasileña de Proteína Animal (ABPA) reportó una disminución del 18,5% en los volúmenes embarcados en marzo en comparación con febrero. Esto pone de manifiesto la vulnerabilidad del sector agropecuario brasileño ante la inestabilidad geopolítica, que afecta no solo las exportaciones, sino también la logística y los costos de producción.

Además, el aumento en los precios de los fertilizantes, de los cuales Brasil importa aproximadamente el 85%, está generando presiones adicionales sobre el agro. El Oriente Medio representa alrededor del 40% del comercio marítimo global de ureia, y los precios de este insumo han aumentado cerca del 70% debido a la crisis. Esta situación ha llevado a un encarecimiento de los costos de producción de cultivos clave como el maíz y la soja, lo que podría traducirse en un exceso de oferta en el segundo semestre del año si la situación no se estabiliza.

El aumento del precio del petróleo también está teniendo un efecto dominó en la economía brasileña. Desde el inicio del conflicto, el precio del barril de petróleo Brent ha escalado de aproximadamente 70 a 100 dólares, lo que ha incrementado los costos del diesel en más de un 20%. Este aumento repercute directamente en los costos de transporte de insumos y en el eslabonamiento de la producción agropecuaria, lo que podría reducir la competitividad de las exportaciones brasileñas en el mercado internacional. La inflación en Brasil ha comenzado a repuntar, con un aumento del 0,88% en marzo, superando las expectativas del mercado, lo que podría llevar al Banco Central a adoptar una postura cautelosa respecto a futuros recortes de tasas de interés.

En este contexto, los inversores deben estar atentos a la evolución de la situación en el Medio Oriente y su impacto en el agro brasileño. La recuperación de la infraestructura de producción en la región podría llevar tiempo, y los expertos estiman que la normalización de la cadena de suministro podría demorar hasta un año. Con la OCDE proyectando un crecimiento global más lento para 2026, es probable que Brasil enfrente un entorno económico desafiante, donde la inflación y las tasas de interés altas continúen afectando la inversión y el consumo.