Donald Trump llega a Beijing para una cumbre de dos días con el presidente Xi Jinping, que se perfila como una de las reuniones más significativas en el ámbito energético en años. Las conversaciones, programadas para el jueves y viernes, se llevan a cabo en un contexto de crisis en el mercado del petróleo, marcado por lo que la Agencia Internacional de Energía ha calificado como la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado global. Esta crisis se debe a la casi total clausura del estrecho de Ormuz, tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán a finales de febrero, lo que ha llevado a un aumento del precio del crudo Brent, que ha subido aproximadamente un 65% desde el inicio del conflicto, alcanzando recientemente los 113 dólares por barril.

El estrecho de Ormuz es crucial para el comercio global de petróleo, ya que maneja alrededor del 20% del total. Desde que las fuerzas de la Guardia Revolucionaria de Irán comenzaron a imponer restricciones a la navegación en la zona, aproximadamente 20,000 marineros han quedado varados en cerca de 2,000 buques. En el punto álgido de la crisis, cerca de 13 millones de barriles diarios de crudo quedaron atrapados, lo que ha llevado a un aumento significativo en los precios y a la preocupación por la estabilidad del suministro energético mundial. En este contexto, China, que obtiene alrededor de un tercio de su petróleo a través de este estrecho, se encuentra en una posición delicada.

China ha tomado medidas para protegerse ante esta crisis, acumulando reservas estratégicas de petróleo. Según la Administración de Información Energética de EE. UU., se estima que China añadió 1.1 millones de barriles diarios a sus reservas en 2025, alcanzando un total de aproximadamente 360 millones de barriles para diciembre. Esta estrategia ha posicionado a Beijing como un posible intermediario entre Washington y Teherán, especialmente después de que el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, visitara China la semana pasada. La administración de Trump está observando de cerca estas dinámicas, ya que las compras de crudo iraní por parte de China están alimentando el conflicto que ha cerrado el estrecho de Ormuz.

Los analistas de Goldman Sachs sugieren que China ha asumido un papel de intermediario en la crisis del estrecho de Ormuz, y que el conflicto en Medio Oriente será un tema central en la cumbre. Cualquier esfuerzo conjunto entre EE. UU. y China para reabrir el estrecho podría ofrecer un alivio temporal a los precios del petróleo, aunque la mayoría de los analistas consideran que este resultado es poco probable. Además, las conversaciones sobre energía se entrelazan con la parte comercial de la cumbre, donde se espera que China anuncie compras de energía estadounidense, así como de productos agrícolas y aeronaves de Boeing.

A medida que se desarrollan las conversaciones, la atención se centrará en si se pueden lograr avances significativos en la crisis del estrecho de Ormuz y en la situación de Irán. La cumbre se había programado originalmente para marzo, pero se retrasó debido a los ataques a Irán. La dinámica de estas conversaciones está marcada por un choque energético que sigue evolucionando. Los analistas advierten que, incluso si la cumbre es exitosa, el compromiso de China de comprar energía estadounidense podría aumentar la demanda global y, por ende, elevar aún más los precios de las materias primas.

La cumbre de Trump y Xi es un evento clave a seguir, ya que podría tener implicaciones significativas para el mercado energético global y, por ende, para la economía argentina, que está expuesta a los precios internacionales del petróleo. Los próximos días serán cruciales para observar cómo se desarrollan estas negociaciones y si se logran acuerdos que puedan estabilizar el mercado del petróleo y aliviar la presión sobre los precios en el futuro cercano.