La situación económica en Argentina se ha vuelto crítica, con un aumento significativo en la morosidad de los créditos no bancarios, que ha alcanzado un alarmante 26,7%. Este incremento se produce en un contexto donde las familias argentinas enfrentan un fuerte aumento en las tarifas de servicios públicos, que ahora representan el 42% de los ingresos de los asalariados. Este cambio en el gasto ha llevado a las familias a recurrir cada vez más al crédito para cubrir sus consumos básicos, lo que ha resultado en un aumento del 57% en el crédito para consumo desde diciembre de 2023 hasta enero de 2026.

La diferencia entre la inflación de bienes, que se sitúa cerca del 170%, y la de servicios, que alcanza aproximadamente el 362%, ha obligado a los hogares a modificar drásticamente sus hábitos de consumo. Este escenario ha generado un impacto directo en la capacidad de pago de las familias, lo que se traduce en un aumento en la morosidad. Según un informe de la UBA, la irregularidad general en el crédito al consumo ha subido del 2,5% al 12,1%, lo que refleja un deterioro significativo en la capacidad de los consumidores para cumplir con sus obligaciones financieras.

El crédito no bancario, que incluye financiamiento de entidades fuera del sistema bancario tradicional, ha visto una contracción del 1,2% en febrero de 2026. Este freno no es consecuencia de una falta de demanda, sino de la decisión de las empresas de restringir el otorgamiento de nuevos préstamos ante el aumento de la morosidad. Las empresas de este sector, que se financian a corto plazo, han optado por limitar el crédito para evitar pérdidas mayores, lo que repercute en el acceso a financiamiento para un segmento de la población que ya se encuentra en una situación vulnerable.

La deuda de los hogares con entidades no bancarias representa el 35% de la suma total de los salarios mensuales en Argentina, y es aún más preocupante para los trabajadores informales y cuentapropistas, quienes enfrentan deudas equivalentes a una vez y media sus ingresos mensuales. Este panorama de estrés financiero ha llevado a muchas empresas a ofrecer refinanciaciones y plazos más largos para evitar registrar créditos como incobrables. Sin embargo, la falta de ahorro en el país limita la capacidad de las entidades para ofrecer préstamos a largo plazo, lo que perpetúa el ciclo de deuda a corto plazo.

A futuro, se espera que la estabilización de las tasas de interés, tras la implementación de un corredor que limita el costo de fondeo para las empresas no bancarias, pueda facilitar un leve aumento en la disponibilidad de crédito. Sin embargo, la falta de ahorro y la necesidad de cubrir gastos básicos seguirán siendo obstáculos significativos. La situación económica en Argentina, marcada por un estancamiento de la actividad y los salarios, requerirá atención continua para evaluar el impacto en el consumo y la morosidad en el crédito, especialmente en un contexto donde la inflación sigue siendo un factor determinante en la vida cotidiana de los argentinos.