La situación en el Medio Oriente ha escalado dramáticamente, con los precios del petróleo Brent alcanzando los $110 por barril, y se espera que suban a $120 en el corto plazo debido a la creciente tensión en el estrecho de Ormuz. La producción de petróleo en la región se ha visto severamente afectada, con aproximadamente 11 millones de barriles diarios (b/d) cerrados, lo que ha llevado a los productores a alcanzar sus límites de almacenamiento. Esto ha generado preocupaciones sobre la viabilidad de las exportaciones del Golfo, incluso si se levantan las restricciones actuales.

El conflicto ha sido exacerbado por ataques iraníes a buques en la región y a infraestructura en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), lo que ha llevado a una respuesta militar de Estados Unidos. A pesar de que el presidente Trump ha prometido liberar algunos de los 2,000 barcos varados en el Golfo Pérsico, la situación sigue siendo tensa, con amenazas de Irán de mantener su control sobre el Hormuz. Esto ha creado un clima de incertidumbre que afecta no solo a los precios del petróleo, sino también a la estabilidad económica regional.

En el contexto de esta crisis, las expectativas de precios del petróleo han aumentado significativamente. Los contratos de diciembre de 2026 para Brent y WTI se están negociando a $91 y $85 por barril, respectivamente, muy por encima de las expectativas iniciales de $55-60. La falta de capacidad de producción en países como Irak y Kuwait, que no podrán volver a su capacidad previa a la guerra en el corto plazo, contribuye a esta tendencia alcista. Según estimaciones de Wood Mackenzie, Irak necesitaría al menos nueve meses para alcanzar niveles de producción anteriores debido a limitaciones en sus reservorios.

Para los inversores, la situación actual presenta tanto riesgos como oportunidades. La escasez de suministro de petróleo podría llevar a un aumento en los precios de las acciones de las compañías energéticas, especialmente aquellas con operaciones en el Golfo Pérsico. Por otro lado, la incertidumbre geopolítica puede afectar negativamente a los mercados financieros en general, lo que podría llevar a una mayor volatilidad en los precios de las acciones y en los activos de riesgo. Además, la reciente pérdida de $2.6 mil millones reportada por Pemex en México subraya la fragilidad de las empresas estatales en el sector energético, lo que podría tener repercusiones en la inversión en la región.

A medida que la crisis se desarrolla, es crucial monitorear las decisiones de OPEC+ y el impacto de las sanciones impuestas por Estados Unidos a países como Cuba, que también están afectando el panorama energético. Las reuniones de OPEC+ programadas para junio de 2026 serán un evento clave a seguir, ya que cualquier cambio en la producción podría influir en los precios globales del petróleo. Asimismo, la respuesta de los mercados a las tensiones en el estrecho de Ormuz y las acciones de los principales productores de petróleo serán determinantes para el futuro inmediato del sector energético.