El peso argentino ha registrado su mejor cuatrimestre en décadas, con una apreciación nominal del 4,9% en medio de un contexto inflacionario que acumuló un 9,4% en el primer trimestre de 2026. Este fenómeno se ha visto impulsado por un superávit extraordinario de divisas, gracias a una cosecha récord en el sector agrícola, el crecimiento de las exportaciones energéticas de Vaca Muerta y la emisión de deuda corporativa. A pesar de la apreciación, el Banco Central ha intervenido comprando USD 7.000 millones, lo que ha generado un ambiente de incertidumbre sobre la sostenibilidad de esta tendencia.

La cosecha 2025/26 se proyecta en 144 millones de toneladas, lo que podría generar ingresos por exportaciones agrícolas de USD 34.500 millones. Este volumen de producción, que incluye picos en maíz, soja y trigo, ha sido un factor clave en la oferta de divisas. Sin embargo, el complejo sojero, que lidera con USD 3.420 millones en exportaciones, enfrenta un contexto de precios internacionales que se encuentran un 20% por encima del promedio del año anterior, lo que podría generar presiones inflacionarias en el mercado interno.

Por otro lado, las exportaciones energéticas de Vaca Muerta están proyectadas para saltar de USD 6.000 millones a entre USD 8.000 y 9.000 millones en 2026, contribuyendo a un superávit energético cercano a USD 9.000 millones. Este flujo de divisas es menos estacional que el agrícola, lo que ofrece una estabilidad adicional al mercado cambiario. La combinación de estos factores ha llevado a que el tipo de cambio mayorista cierre abril en $1.391, un nivel notablemente más bajo que el inicio del año.

A pesar de la apreciación del peso, la inflación sigue siendo una preocupación. Con un 9,4% acumulado en el primer trimestre y un marzo que sorprendió con un 3,4% mensual, la erosión del poder adquisitivo del dólar en el mercado interno ha sido del 16%. Esto ha generado inquietudes entre los exportadores industriales, quienes ven cómo la competitividad se ve afectada. La intervención del Banco Central ha mantenido el tipo de cambio relativamente estable, pero el riesgo de que esta situación no sea sostenible a largo plazo persiste, especialmente si se considera la presión inflacionaria continua.

En el contexto regional, el real brasileño ha ganado un 10,8% frente al dólar, impulsado por flujos financieros y un carry trade favorable. Sin embargo, la fortaleza del peso argentino se basa en fundamentos más sólidos, como las exportaciones agrícolas y energéticas. El consenso del Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA proyecta un dólar mayorista de $1.707 para diciembre, lo que sugiere un camino gradual y sin sobresaltos, aunque los vencimientos financieros del Tesoro y del BCRA en el segundo trimestre podrían drenar parte de las reservas acumuladas. Los operadores estarán atentos a los datos de inflación de abril, que se publicarán el 14 de mayo, para evaluar la efectividad de las políticas del gobierno en el control de la inflación y la sostenibilidad del peso fuerte.