La cosecha de soja en la región agrícola núcleo de Argentina ha experimentado un notable avance, logrando cubrir cerca de un millón de hectáreas en tan solo siete días, gracias a una mejora significativa en las condiciones climáticas. Este cambio se produjo tras un abril marcado por lluvias excesivas que complicaron el proceso de recolección. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) ha ajustado al alza su estimación de producción, proyectando un total de 16,98 millones de toneladas, lo que representa un incremento de 829.000 toneladas respecto a estimaciones anteriores. Este repunte en la cosecha es un alivio para los productores que enfrentaban un panorama complicado debido a la humedad excesiva y la calidad del grano en riesgo.

Las condiciones climáticas han sido un factor determinante en este avance. Durante abril, la región núcleo registró un promedio de precipitaciones de 121 milímetros, el doble de lo habitual para este período. Este exceso de lluvias había llevado a un avance de la cosecha de solo el 43% del área, muy por debajo del 80% que se esperaría en un año normal. Sin embargo, la apertura de una ventana seca y estable hacia finales de abril permitió que las máquinas ingresaran al campo, acelerando el proceso de recolección y mejorando los rindes en algunas zonas.

A pesar de este avance, la calidad del grano cosechado presenta desafíos. En varias áreas se han reportado granos verdes y dañados, lo que ha llevado a descuentos en los precios. Los técnicos de la BCR han indicado que en algunos lotes hasta el 50% de la producción presenta problemas de calidad, lo que implica costos adicionales para los productores. Además, la humedad en el grano ha generado la necesidad de secado, elevando aún más los costos de producción. En términos de rindes, la situación es dispar; mientras que en el sur de Santa Fe los rindes promedian entre 27 y 50 quintales por hectárea, en el norte de Buenos Aires se han reportado resultados superiores a las expectativas iniciales, alcanzando hasta 55 quintales por hectárea.

La situación operativa también ha sido complicada. En algunas localidades, como Bigand, los productores se han visto limitados por la alta humedad, que impide el inicio temprano de la cosecha y reduce las horas efectivas de trabajo. Esto ha llevado a una extensión en los tiempos de cosecha, lo que podría impactar en los costos y en la rentabilidad final de los productores. La BCR ha advertido que, para mantener el ritmo de cosecha, es fundamental que se mantengan las condiciones climáticas favorables en los próximos días, ya que cualquier cambio podría retrasar aún más el proceso.

Mirando hacia el futuro, la BCR ha proyectado un escenario complicado para la próxima campaña de trigo 2026/27, donde se espera una caída del 17% en la intención de siembra en la región núcleo, lo que equivale a unas 300.000 hectáreas menos que en el ciclo anterior. Este descenso se atribuye principalmente al aumento en los costos de los insumos, especialmente el fertilizante urea, cuyo precio ha pasado de US$540 a US$890 por tonelada en un año. Con márgenes de rentabilidad muy ajustados, los productores deberán alcanzar rindes superiores a 46 quintales por hectárea para no incurrir en pérdidas, lo que añade una capa adicional de incertidumbre a la próxima campaña agrícola.