Un reciente informe de JP Morgan ha señalado que el fenómeno de El Niño podría consolidarse en la segunda mitad de 2026, con una probabilidad que se incrementa a medida que avanza el año. Según el análisis, las condiciones climáticas actuales están en transición hacia un estado más cálido, y se estima que la probabilidad de que El Niño se materialice alcanzará cerca del 88% para el período de noviembre a enero de 2027. Este fenómeno, que se origina en el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial, tiene el potencial de alterar significativamente los patrones de lluvias y temperaturas en América Latina, lo que podría impactar directamente en la producción agrícola de la región.

En términos de intensidad, el informe indica que existe una probabilidad combinada de aproximadamente 50% de que se produzca un evento fuerte o mayor. Históricamente, El Niño ha estado asociado con un aumento en las precipitaciones en la región pampeana de Argentina, lo que podría traducirse en un incremento en los rendimientos de cultivos clave como soja, maíz y trigo. En años anteriores, como en 1997/98 y 2014-2016, se observaron aumentos en la cosecha de granos de hasta el 30% interanual, gracias a las condiciones climáticas favorables que este fenómeno puede traer.

Sin embargo, el impacto de El Niño no es uniforme en toda América del Sur. Mientras que países como Perú y Ecuador pueden experimentar lluvias intensas, otras regiones podrían enfrentar condiciones más secas. Para Argentina, la relevancia del clima en el sector agrícola es crucial, dado que las cadenas agrícolas y agroindustriales representan aproximadamente el 16% del PBI y alrededor del 58% de las exportaciones de bienes. Esto significa que cualquier cambio en la producción agrícola debido a El Niño podría tener repercusiones significativas en la economía local.

El informe también destaca que el momento en que se consolide el fenómeno será determinante. Si las lluvias se afianzan durante la primavera y el verano, el impacto sobre los cultivos podría ser positivo, mejorando los rendimientos. Sin embargo, excesos hídricos en etapas críticas, como la cosecha, podrían generar complicaciones operativas y pérdidas en las zonas productivas. Esto es especialmente relevante para los productores que han enfrentado sequías consecutivas en los últimos años, bajo condiciones de La Niña, que han llevado a rendimientos muy por debajo del promedio.

Desde una perspectiva económica, un aumento en los volúmenes de cosecha podría elevar la recaudación por derechos de exportación, lo que a su vez fortalecería las reservas de dólares y aliviaría las presiones cambiarias en el país. Además, el efecto positivo en la cadena agroindustrial podría impulsar la recaudación de IVA y del impuesto a las ganancias, lo que beneficiaría las cuentas públicas y el nivel de actividad económica en general. Por lo tanto, los productores y los inversores deben estar atentos a las condiciones climáticas y a la evolución del fenómeno de El Niño en los próximos meses, ya que esto podría definir el rumbo de la producción agrícola y la economía argentina en el corto y mediano plazo.