- El scrapie clásico, una enfermedad mortal para ovinos, fue detectado por primera vez en Argentina hace 20 días.
- Varios mercados internacionales, incluyendo Chile y Perú, han impuesto restricciones a productos argentinos, afectando gravemente las exportaciones.
- Argentina exportó 127.747 toneladas de harina de carne y hueso bovina entre abril de 2025 y marzo de 2026, generando 47,58 millones de dólares.
- Los productores están pidiendo un plan de contingencia basado en modelos exitosos de otros países, como Australia y Nueva Zelanda.
- Las cancelaciones de operaciones han generado pérdidas económicas que se estiman en decenas de miles de dólares para los exportadores.
A 20 días de la confirmación del primer caso de scrapie clásico en Argentina por parte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la preocupación en el sector ovino ha escalado considerablemente. Este brote, que se detectó en tres ejemplares de Santa Fe y Entre Ríos, ha generado un impacto inmediato en la cadena productiva, afectando a productores, asociaciones y exportadores. La incertidumbre sobre la estrategia del gobierno para mitigar el impacto sanitario y comercial ha llevado a que varios mercados internacionales impongan restricciones al ingreso de productos argentinos de origen animal.
El scrapie clásico es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a ovinos y caprinos, y aunque no representa un riesgo directo para la salud humana, su aparición ha encendido alarmas sobre el estatus sanitario de Argentina. Hasta el momento, varios países como Chile, Perú, China, México, Marruecos, Sudáfrica y Vietnam han implementado restricciones parciales o totales sobre la importación de productos argentinos, lo que incluye desde animales vivos hasta carne y productos lácteos. Esta situación ha llevado a que los exportadores enfrenten pérdidas económicas significativas, ya que las operaciones comerciales se han visto abruptamente interrumpidas.
En las reuniones recientes entre el sector y funcionarios de Senasa, se ha discutido la necesidad de un plan de contingencia efectivo. Sin embargo, la falta de una respuesta clara y rápida ha intensificado las preocupaciones. Los productores están demandando un enfoque más proactivo, similar al que se ha implementado en países como Australia y Nueva Zelanda, donde se han manejado brotes de enfermedades de manera más eficiente. La estrategia actual de clausurar establecimientos que reportan la enfermedad ha sido criticada, ya que podría desincentivar las denuncias y complicar aún más la situación.
Desde el punto de vista económico, el impacto de las restricciones es notable. En el periodo de abril de 2025 a marzo de 2026, Argentina exportó 127.747 toneladas de harina de carne y hueso bovina, generando ingresos por 47,58 millones de dólares, siendo Vietnam el principal destino. La paralización de estas exportaciones no solo afecta a los productores, sino que también repercute en la economía nacional, dado que el sector agroindustrial es un pilar fundamental de las exportaciones argentinas. Las pérdidas acumuladas por las cancelaciones de operaciones ya se estiman en decenas de miles de dólares, lo que podría tener un efecto en cadena en toda la industria.
De cara al futuro, es crucial que el Senasa avance en negociaciones bilaterales para recuperar las habilitaciones de exportación. La falta de acción inmediata podría resultar en un daño comercial irreparable. Los productores y exportadores han manifestado la necesidad de una respuesta urgente, advirtiendo que la demora en la implementación de un plan de acción podría agravar la situación en el largo plazo. La comunidad agroindustrial está expectante, ya que la forma en que se maneje esta crisis podría definir el futuro del sector ovino en Argentina durante los próximos años.
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