Un reciente informe del Centro de Estudios para la Recuperación de la Argentina (Centro RA) de la UBA revela que la morosidad de las familias argentinas ha superado los niveles observados durante la pandemia, alcanzando un alarmante 10,6%. Este incremento, que representa un aumento de 7,8 puntos porcentuales desde el inicio de la gestión de Javier Milei, refleja la creciente dificultad de los hogares para cumplir con sus obligaciones crediticias. En particular, el crédito al consumo ha visto un aumento en la morosidad aún más pronunciado, pasando del 2,5% al 12,1%, lo que implica un incremento cercano a cinco veces en el incumplimiento de pagos.

El informe destaca que el crédito al consumo ha crecido un 57% desde diciembre de 2023, lo que sugiere que las familias están recurriendo a financiamiento para cubrir gastos básicos. La inflación acumulada en bienes ha sido cercana al 170%, mientras que en servicios ha alcanzado un 362%, lo que ha modificado la composición del gasto familiar. Este cambio ha llevado a que los asalariados destinen un mayor porcentaje de sus ingresos al pago de servicios, pasando de un 38% a un 42% en solo un año, lo que ha reducido el ingreso disponible para la compra de bienes.

El uso de tarjetas de crédito ha aumentado significativamente en las compras de supermercado, pasando del 39% al 43% del total, mientras que las tarjetas de débito han disminuido su participación del 34% al 25%. Este cambio en los métodos de pago indica una reconfiguración del consumo familiar, donde las familias dependen cada vez más del crédito para afrontar sus gastos cotidianos. La caída en el uso de efectivo, que pasó del 20% al 17%, y el aumento de las billeteras virtuales, que duplicaron su participación del 7% al 15%, también son indicadores de esta tendencia.

Las implicancias de estos datos son significativas para el panorama económico argentino. La combinación de un aumento en la morosidad y un mayor uso del crédito sugiere que las familias están enfrentando una presión financiera creciente. Esto podría tener repercusiones en el consumo y, por ende, en el crecimiento económico. Los inversores deben estar atentos a cómo estas dinámicas afectan la confianza del consumidor y el comportamiento del mercado en general, ya que un aumento en la morosidad puede llevar a una mayor restricción del crédito por parte de las entidades financieras.

A futuro, es crucial monitorear la evolución de la morosidad y el uso del crédito en Argentina, especialmente en el contexto de la política económica del gobierno de Milei. Con la inflación aún elevada y la presión sobre los ingresos de los hogares, se espera que el escenario financiero siga siendo desafiante. Los próximos meses serán clave para observar si se implementan medidas que puedan aliviar la carga financiera de las familias y si esto se traduce en una mejora en los indicadores de morosidad y consumo.