La reciente invasión conjunta de Estados Unidos e Israel sobre Irán ha generado un aumento significativo en los precios del petróleo, alcanzando niveles no vistos desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania en 2022. Este aumento ha tenido un impacto directo en la economía chilena, que es un importador neto de petróleo. Las consecuencias han sido un incremento histórico en el precio de las bencinas, un aumento de la inflación y una revisión a la baja de las expectativas sobre la tasa de interés. Sin embargo, esta situación adversa podría tener un efecto positivo en el mercado del cobre, el principal producto de exportación de Chile.

A pesar de que el conflicto bélico inicialmente afectó el precio del cobre, este metal ha mostrado signos de recuperación, acercándose a los niveles previos a la guerra. En su informe Global Metals Weekly, Bank of America ha elevado su proyección para el precio del cobre en 2026 a US$ 6,05 por libra (US$ 13.331 la tonelada), lo que representa un incremento del 1,1% respecto a estimaciones anteriores. Para 2027, la proyección se eleva aún más, alcanzando los US$ 7,03 por libra (US$ 15.500 por tonelada), lo que sugiere un entorno favorable para este metal en el mediano plazo.

El análisis trimestral del banco muestra una tendencia ascendente en los precios del cobre, con estimaciones que indican un aumento desde US$ 13.000 por tonelada en el segundo trimestre de 2026 hasta un pico de US$ 16.000 en el tercer trimestre de 2027. Este crecimiento en los precios se sustenta en un balance deficitario proyectado de 512.000 toneladas en 2026 y 754.000 toneladas en 2027. La caída en la producción chilena de cobre, que ha alcanzado mínimos históricos, es un factor clave en esta proyección, con los tres mayores yacimientos del mundo, Escondida, Kamoa-Kakula y Grasberg, reportando una pérdida de 660.000 toneladas desde 2024.

Además, el informe destaca la importancia del ácido sulfúrico en la producción de cobre en Chile, donde el país es el mayor importador mundial, con compras anuales que rondan las 4 millones de toneladas. La reciente suspensión de exportaciones de ácido sulfúrico desde China ha generado tensiones en el mercado, lo que ha llevado a un aumento del 23% en los costos de producción de Antofagasta Minerals en su mina Antucoya. Este aumento en los costos podría afectar la rentabilidad de las empresas mineras chilenas y, por ende, el flujo de inversiones en el sector.

En cuanto al litio, Bank of America presenta un panorama mixto. Aunque los precios han repuntado tras restricciones en la producción de lepidolita en China, se espera que la tendencia se modere, con proyecciones de US$ 20.056 por tonelada de carbonato de litio para 2026 y US$ 18.667 para 2027. Sin embargo, el banco advierte sobre la capacidad latente de producción en China, lo que podría limitar futuros aumentos en los precios. Este contexto es relevante para los inversores argentinos, ya que Chile es el tercer productor mundial de litio, y cualquier cambio en la oferta y demanda de este mineral puede tener repercusiones en los precios globales y, por ende, en las oportunidades de inversión en el sector energético.

La guerra en Medio Oriente está acelerando la transición energética, lo que podría influir en la demanda de metales como el cobre y el litio en el futuro. Los inversores deben estar atentos a cómo estos conflictos geopolíticos afectan las dinámicas del mercado de materias primas y, en particular, el impacto que pueden tener en la economía chilena y en la región en general. Las proyecciones de precios y producción para el cobre y el litio serán cruciales para entender las oportunidades de inversión en el sector minero en los próximos años.