El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, informó que los costos de importación de petróleo del país han aumentado un 167%, alcanzando los 800 millones de dólares por semana, en comparación con los 300 millones semanales antes del inicio del conflicto en Irán. Este incremento se debe a la escalada de los precios del petróleo en el mercado global, donde el crudo Brent para entrega en junio se cotizaba a 114,75 dólares por barril, un notable aumento desde los bajos 70 dólares previos a la guerra. Por su parte, el contrato de crudo WTI se transaccionaba a 103,33 dólares por barril, también en ascenso desde mediados de febrero, cuando se encontraba en torno a los 60 dólares.

La economía de Pakistán es altamente vulnerable a la volatilidad de los precios del petróleo, y la reciente tensión geopolítica en el Medio Oriente ha exacerbado esta situación. Con un consumo total de petróleo que ronda los 440,000 barriles por día (bpd), el país depende en gran medida de las importaciones para satisfacer el 80% de sus necesidades, dado que su producción interna se sitúa entre 80,000 y 90,000 bpd. Este aumento en los precios del petróleo ha llevado a que los precios del combustible en Pakistán alcancen niveles récord, lo que a su vez ha incrementado los costos de transporte, energía y en general, el costo de vida para los consumidores.

El impacto de los precios elevados del petróleo no se limita a los costos directos de importación. La necesidad de gastar más de las reservas de divisas limitadas del país puede llevar a una devaluación de la moneda local, encareciendo aún más los productos importados. Economistas advierten que si los precios de la energía se mantienen altos, el crecimiento del PIB podría desacelerarse a un 1.8% para el año fiscal 2027, en comparación con las proyecciones anteriores del 3.2%. Esta situación pone de relieve la fragilidad de la economía paquistaní, que ya enfrenta desafíos significativos.

En respuesta a esta crisis, el gobierno paquistaní ha implementado medidas de conservación de energía a nivel nacional, que han mostrado cierto grado de éxito. Por ejemplo, las oficinas del sector público han adoptado una semana laboral de cuatro días, permitiendo que el 50% del personal trabaje desde casa, excepto en servicios esenciales. Además, se ha establecido un horario de cierre anticipado para mercados y centros comerciales, y se ha reducido el uso de vehículos oficiales en un 60%. Estas medidas han comenzado a mostrar resultados, con una disminución en el consumo de combustible.

A medida que Pakistán navega por esta crisis energética, es crucial observar cómo estas políticas afectan la economía en su conjunto y si logran estabilizar la situación. En el contexto más amplio, el aumento de los precios del petróleo también puede tener repercusiones en otras economías de la región, incluida Argentina, que está expuesta a las fluctuaciones de los precios de las materias primas. Los inversores deben estar atentos a la evolución de los precios del petróleo y a las decisiones políticas en Pakistán, ya que podrían influir en las dinámicas del mercado global y regional en los próximos meses.