La llegada del fenómeno de El Niño ha comenzado a generar preocupación en el sector energético colombiano, con proyecciones que indican un aumento significativo en los precios de la energía. José David Montoya, presidente de Termotasajero, ha advertido que en un escenario crítico, el precio de la energía podría quintuplicarse, alcanzando hasta $1.000 por kilovatio hora. Este incremento se produce en un contexto donde el precio de bolsa había estado relativamente bajo, en torno a $200 por kilovatio hora, gracias a las abundantes lluvias que habían beneficiado a las hidroeléctricas.

El fenómeno de El Niño, que se prevé que impacte fuertemente desde septiembre, podría llevar a un aumento del precio de bolsa a niveles entre $700 y $800 por kilovatio hora, y en condiciones más críticas, hasta $900 o $1.000. Este aumento no afectará a todos los consumidores por igual; aproximadamente el 80% de la energía ya ha sido comprada a precios fijos, dejando al 20% del mercado expuesto a los precios de bolsa, lo que podría resultar en un impacto significativo para aquellos que no tienen contratos de energía asegurados.

Las regiones como Cali, que históricamente no han cubierto toda su demanda, podrían experimentar un efecto más pronunciado debido a su mayor dependencia de la energía de bolsa. Montoya enfatiza la necesidad de tener listas todas las centrales térmicas para hacer frente a la demanda, ya que el sector no podrá superar las dificultades que plantea El Niño sin la disponibilidad de estas plantas. En los próximos meses, el sistema debe prepararse para utilizar todos sus recursos de generación térmica, incluyendo gas, carbón y combustibles líquidos.

Además, el uso racional de la energía se vuelve crucial en este contexto. Montoya señala que esta no es una señal de debilidad, sino una necesidad ante un sistema que se encuentra en condiciones apretadas. La producción de energía hidroeléctrica, que actualmente representa cerca del 80% de la generación del país, podría reducirse a solo el 45% de la demanda durante el fenómeno, lo que obligará a las térmicas a asumir un papel más protagónico en la generación de energía.

A largo plazo, la situación se complica aún más por la falta de nuevos proyectos de generación. La incapacidad de incorporar nuevas fuentes de energía ha sido un problema persistente en el sector eléctrico colombiano, con proyectos clave como Ituango enfrentando retrasos significativos. La dependencia de la generación térmica y la importación de gas desde 2015 para usos esenciales plantea un desafío adicional. La recomendación de que los embalses alcancen un 80% de su capacidad para octubre es un indicador de la gravedad de la situación y la necesidad de una gestión proactiva en el sector energético colombiano.