Las milicias en Irak, especialmente aquellas alineadas con Irán, han evolucionado de ser fuerzas de resistencia a actores económicos y políticos significativos en el país. Desde la disolución de las fuerzas armadas iraquíes en 2003, estas agrupaciones han encontrado formas de legitimar su existencia y expandir su influencia a través de diversas actividades económicas. En 2025, se estima que las milicias generan ingresos anuales de aproximadamente 11 mil millones de dólares, utilizando tácticas que van desde la extorsión hasta el control de contratos gubernamentales.

El contexto histórico de estas milicias se remonta a la invasión estadounidense en 2003, cuando muchas de ellas se formaron como respuesta a la ocupación. La fatwa emitida por el Ayatollah Ali al-Sistani en 2014, que llamó a la defensa contra el Estado Islámico, legitimó a estas fuerzas y les permitió integrarse formalmente en las estructuras de seguridad del país. Esto marcó un punto de inflexión, ya que las milicias comenzaron a participar en la política, obteniendo representación en el parlamento y controlando recursos estatales.

A medida que las milicias han diversificado sus fuentes de ingresos, han comenzado a operar en sectores clave como la construcción, telecomunicaciones y energía. La empresa Al-Muhandis General Company, vinculada a las milicias, se ha convertido en un actor dominante en la obtención de contratos públicos, lo que les permite canalizar fondos estatales hacia sus redes de patronazgo. Esta situación ha generado tensiones con empresarios locales que ven amenazados sus intereses económicos por la creciente influencia de estas agrupaciones.

Para los inversores, la situación en Irak presenta tanto riesgos como oportunidades. La creciente influencia de las milicias podría complicar la recuperación económica del país y su relación con Estados Unidos, que ha presionado para desmantelar estas fuerzas. Sin embargo, la capacidad de las milicias para operar en la economía formal y su control sobre sectores estratégicos podrían ofrecer oportunidades para aquellos dispuestos a navegar en este entorno complejo. La situación política sigue siendo frágil, con elecciones recientes que han dejado a las milicias en una posición de poder significativo dentro del parlamento.

A futuro, es crucial monitorear cómo se desarrollan las relaciones entre las milicias y el gobierno iraquí, especialmente en el contexto de la presión estadounidense. La posibilidad de que se aprueben leyes que integren completamente a las milicias en las fuerzas armadas iraquíes podría alterar el equilibrio de poder en el país. Además, la influencia de Irán sigue siendo un factor determinante en la política iraquí, lo que podría complicar aún más la situación. Las elecciones parlamentarias de noviembre de 2025 y la formación de un nuevo gobierno serán eventos clave a seguir en este contexto.