La Bolsa de Cereales de Buenos Aires ha proyectado una superficie sembrada de trigo de 6,5 millones de hectáreas para la próxima campaña, lo que representa una caída interanual del 3%. Sin embargo, esta cifra se sitúa un 2,8% por encima del promedio de las últimas cinco campañas. Este descenso en la superficie sembrada se debe principalmente al fuerte aumento en los costos de insumos, que ha afectado la relación insumo-producto, un factor clave para los productores.

En el análisis de la situación, se observa que el costo de insumos ha aumentado significativamente. Por ejemplo, para adquirir una tonelada de urea, los productores necesitan un 55% más de trigo en comparación con el ciclo anterior. En el caso del fosfato diamónico, el incremento es del 29%. Estos aumentos han llevado a los productores a replantear sus estrategias de siembra, especialmente en regiones como el centro-este del área agrícola, donde se ha registrado una tendencia negativa en la intención de siembra. En Santa Fe y Entre Ríos, el alto costo de los fertilizantes, con precios de urea cercanos a los 1.000 dólares por tonelada, ha llevado a muchos a reconsiderar la viabilidad del cultivo de trigo.