Un análisis reciente de Rystad Energy sugiere que un precio sostenido de $100 por barril de petróleo podría liberar hasta 2.1 millones de barriles por día (bpd) de oferta adicional en América del Sur hacia mediados de la década de 2030. Este incremento en la producción se produce en un contexto donde la crisis en el Medio Oriente ha llevado a una revisión al alza de las proyecciones de precios, elevando la expectativa del precio promedio del petróleo Brent para 2026 de $60 a $89 por barril. Este cambio no solo afecta a los precios internacionales, sino que también tiene un impacto significativo en los ingresos gubernamentales en la región, que se espera que aumenten en aproximadamente $43 mil millones este año en comparación con las proyecciones anteriores.

Brasil, a través de su gigante Petrobras, es el principal beneficiario de este aumento en los precios. Las proyecciones indican que los ingresos de la compañía podrían crecer en $13.1 mil millones bajo el nuevo escenario de precios. Este crecimiento es crucial para la economía brasileña, donde los hidrocarburos juegan un papel central en las finanzas públicas. Las inversiones en desarrollos offshore en Brasil, Guyana y Surinam son vistas como las fuentes más inmediatas de producción adicional, con un potencial de más de 1 millón de bpd en la próxima década, respaldadas por aproximadamente $33 mil millones en inversiones en nuevos proyectos.

En el caso de Venezuela, la situación es igualmente interesante. A pesar de los desafíos políticos y económicos, el país ha reingresado al debate sobre la oferta global de petróleo. Se estima que, bajo un escenario de $100 por barril, Venezuela podría añadir hasta 910,000 bpd para 2035, gracias a sus campos existentes en las provincias del este y oeste, donde los costos de operación son notablemente bajos. Sin embargo, la recuperación de la producción dependerá de la eliminación de sanciones y de reformas fiscales que faciliten la inversión extranjera. La participación de empresas como ExxonMobil y Shell en el país podría ser un indicativo de una mejora en la confianza del inversor.

Argentina, por su parte, tiene en Vaca Muerta su historia de crecimiento más dinámica. La producción de crudo podría alcanzar 1 millón de bpd para finales de la década, con un potencial de hasta 1.8 millones bpd para 2035, dependiendo de la capacidad de ejecución y de la infraestructura disponible. La creciente demanda de petróleo argentino, especialmente de China, que comenzará a recibir envíos regulares a partir de 2027, podría ser un factor clave en la expansión de la producción. Sin embargo, el desarrollo de la infraestructura, como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), será fundamental para evitar cuellos de botella en la producción.

El crecimiento en la producción de petróleo en América del Sur dependerá menos de la disponibilidad de recursos y más de la capacidad de ejecución y del entorno de inversión en cada país. Aquellos que ofrezcan marcos fiscales y regulatorios claros estarán mejor posicionados para acelerar la sanción de proyectos y beneficiarse de los precios más altos. En contraste, los países que no actúen con rapidez podrían perder capital frente a competidores más ágiles. A medida que se desarrollen estos proyectos, será crucial monitorear la evolución de las políticas en Brasil, Venezuela y Argentina, así como las decisiones de inversión de las grandes petroleras en la región.