Desde su regreso al Despacho Oval, Donald Trump ha impulsado su agenda con un enfoque de velocidad y ruptura. Sin embargo, al llegar a la mitad de 2026, se enfrenta a una realidad interna y externa que desafía sus políticas. La inflación, que se mantiene en un 2,7%, se ha convertido en el talón de Aquiles de su administración, lo que genera descontento entre los votantes que esperaban un alivio inmediato tras sus promesas de campaña. Esta situación se ve agravada por los aranceles generalizados que ha implementado, los cuales han encarecido los productos de consumo y han contribuido a la persistencia de la inflación.

En el ámbito doméstico, la administración Trump se encuentra en una lucha constante por mantener su base electoral de cara a las elecciones de medio término de noviembre de 2026. La persistente inflación no solo afecta el poder adquisitivo de los ciudadanos, sino que también erosiona la confianza en su liderazgo. Además, la administración se enfrenta a una guerra de poderes, donde Trump ha llevado al límite su autoridad presidencial, desafiando las restricciones para remover funcionarios del ejecutivo. Este conflicto ha llegado hasta la Corte Suprema, donde se debate si el presidente puede desmantelar el Estado administrativo sin el aval del Congreso o la justicia.