La adecuación de las plantas compresoras del Gasoducto Norte se encuentra virtualmente paralizada debido a un conflicto con la contratista Esuco. Aunque actualmente esta demora no ha tenido consecuencias significativas, ya que no hay suficiente capacidad de transporte para aumentar los envíos de gas desde Vaca Muerta hacia el norte del país, la situación podría cambiar drásticamente en el futuro. Cuando Transportadora de Gas del Sur (TGS) finalice la ampliación del Gasoducto Perito Moreno, se evidenciará un cuello de botella que podría afectar el suministro de gas, lo que a su vez impactaría en los precios y en la disponibilidad del recurso en el mercado interno.

El Gasoducto Norte, cuya reversión fue inaugurada en noviembre de 2024, incluye una construcción de 122,8 km que conecta los Gasoductos Centro-Oeste y Norte, permitiendo el transporte de hasta 15 millones de metros cúbicos de gas por día desde Vaca Muerta. Sin embargo, para alcanzar una capacidad de 19 millones de metros cúbicos diarios, es esencial completar la adecuación de las plantas compresoras de Lavalle, Lumbreras, Deán Funes y Ferreyra. La falta de avance en estas obras se ha vuelto crítica, dado que el contrato para su adecuación fue firmado en abril de 2024, con un plazo de finalización previsto entre marzo y junio de 2025.

La paralización de la actividad por parte de Esuco se debe a una deuda acumulada que asciende a 42.000 millones de pesos, no solo por el contrato de adecuación de las plantas, sino también por trabajos ya finalizados en otras plantas compresoras. Esta situación ha llevado a Esuco a reclamar que los incumplimientos de pago por parte de Enarsa han generado un desequilibrio financiero que compromete la calidad y la oportunidad de las obras. Enarsa, la empresa estatal responsable del proyecto, ha comenzado a liberar algunos pagos, pero estos han sido dirigidos a subcontratistas de Esuco, lo que ha generado tensiones adicionales entre las partes.

El impacto de esta situación es significativo para el sector energético argentino, ya que la falta de capacidad de transporte de gas podría limitar el desarrollo de Vaca Muerta, una de las principales fuentes de gas del país. Esto podría resultar en un aumento de los precios del gas en el mercado interno y afectar la competitividad de las empresas que dependen de este recurso. Además, la incertidumbre sobre la continuidad de las obras puede generar desconfianza entre los inversores, lo que podría repercutir en la financiación de futuros proyectos en el sector energético.

A futuro, es crucial monitorear cómo Enarsa maneja la situación con Esuco y si se tomarán medidas para reemplazar a la contratista. La decisión de desplazar a Esuco podría tener implicaciones en el cronograma de las obras y en la capacidad de transporte de gas. Además, se debe prestar atención a la evolución de la deuda acumulada y a las negociaciones entre las partes, ya que cualquier resolución podría afectar el flujo de inversiones en el sector energético y, por ende, el mercado argentino en general.