La crisis del petróleo, provocada por el conflicto en Irán y el Oriente Medio, está generando un impacto significativo en la economía brasileña. Según el último Informe de Acompañamiento Fiscal (RAF) de la Institución Fiscal Independiente (IFI), se estima que la inflación en Brasil podría aumentar hasta 1 punto porcentual en 2026 y hasta 0,5 puntos en 2027. Este incremento se debe a la presión sobre los precios de los combustibles, que afecta directamente a la economía de los consumidores y a los costos de producción en diversas industrias.

El impacto de esta crisis no solo se limita a la inflación, sino que también se extiende a las finanzas públicas. Las proyecciones indican que las subvenciones públicas para el diesel y el gas de cocina podrían alcanzar los R$ 14,3 mil millones en 2026. Sin embargo, la IFI también destaca que el aumento en la recaudación de impuestos y los royalties del petróleo exportado podrían generar ingresos superiores a R$ 100 mil millones en el mismo período. Esto sugiere que, a pesar de los costos asociados a las subvenciones, el gobierno podría ver una mejora en su balance fiscal.

La IFI considera dos escenarios en su análisis: uno de “normalización”, donde se espera una estabilización de los precios del petróleo, y otro de “persistencia”, donde los precios seguirían altos. En el primer escenario, se estima que la transmisión de la subida del precio del petróleo a los combustibles sería del 25% para la gasolina y menor para el diesel. En el segundo, esta transmisión podría alcanzar hasta el 40%. Esto implica que, dependiendo de cómo evolucione la situación en el Medio Oriente, la inflación podría variar significativamente.

Para los inversores, el aumento de la inflación podría tener implicaciones en las tasas de interés y en la política monetaria del Banco Central de Brasil. Un incremento en la inflación podría llevar al Banco Central a ajustar su tasa de interés de referencia, lo que afectaría a los costos de financiamiento y a la rentabilidad de las inversiones. Además, la mejora en la recaudación fiscal podría permitir al gobierno reducir el déficit primario, lo que es un factor positivo para la estabilidad económica a largo plazo.

A futuro, será crucial monitorear la evolución del conflicto en el Medio Oriente y sus repercusiones en los precios del petróleo. La IFI ha señalado que, si la crisis persiste, los efectos sobre la inflación y las finanzas públicas podrían ser más severos. Los próximos meses serán determinantes para evaluar cómo se comportará la economía brasileña ante estos desafíos, especialmente en un contexto donde la inflación ya es un tema de preocupación para los consumidores y los formuladores de políticas económicas.