- El PBI argentino creció un 2,1% interanual en el IV trimestre de 2025.
- La tasa de desocupación aumentó un 1,1% en el mismo período, a pesar del crecimiento.
- La recaudación de IVA ha mostrado ocho meses consecutivos de caída.
- Se han perdido 22.000 empresas empleadoras en los últimos dos años, el 99,6% de ellas pymes.
- La mortalidad infantil aumentó un 6,5% en 2024, marcando un retroceso social significativo.
- La inversión en infraestructura y otros sectores clave ha caído más del 70% en términos reales en 2024.
A medida que avanza el 2026, la economía argentina presenta cifras contradictorias. En el cuarto trimestre de 2025, el Producto Bruto Interno (PBI) creció un 2,1% interanual, un dato que podría parecer alentador. Sin embargo, en el mismo período, la tasa de desocupación aumentó un 1,1%. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la salud del mercado laboral, ya que una economía en expansión debería, en teoría, generar más empleo, no menos. Las causas de esta desconexión entre crecimiento y empleo pueden ser múltiples, pero los datos sugieren que se trata de un resultado esperado del modelo económico actual.
El contexto en el que se desarrolla esta situación es notable. Argentina, que históricamente ha enfrentado restricciones externas que limitaban su crecimiento, ha logrado un superávit energético gracias al desarrollo de Vaca Muerta. Se estima que en 2026, el país recibirá aproximadamente 30.000 millones de dólares más que en 2023, impulsado por un agro en recuperación y un sector energético en expansión. Sin embargo, a pesar de este potencial, la recaudación del IVA, un indicador clave del consumo, ha mostrado una caída continua durante ocho meses, lo que refleja una debilidad en la demanda interna.
La desaparición de 22.000 empresas empleadoras privadas en los últimos dos años, de las cuales el 99,6% eran pymes, es un claro indicativo de que el tejido productivo argentino no está evolucionando, sino que se está desmoronando. Las consecuencias sociales son alarmantes, con un aumento en la mortalidad infantil por primera vez desde 2002. Mientras que en el resto del mundo se registran cifras históricamente bajas, en Argentina, la mortalidad infantil aumentó un 6,5% en 2024 en comparación con el año anterior. Esto pone de manifiesto que, a pesar de un contexto favorable, la gestión económica no está logrando traducir esos beneficios en mejoras para la población.
Los sectores que están impulsando el crecimiento, como el Oil & Gas, son en gran medida el resultado de políticas de Estado que han perdurado a lo largo de diferentes administraciones. El desarrollo de Vaca Muerta, por ejemplo, comenzó durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y ha continuado bajo los gobiernos de Macri y Fernández. En contraste, la industria, el comercio y la construcción, que representan más del 40% del empleo privado, han sufrido caídas significativas debido a un tipo de cambio bajo, altas tasas de interés y un ajuste fiscal severo. La construcción ha perdido más de 100.000 empleos, y cada día se cierran comercios de diversos rubros, lo que sugiere que la falta de inversión en estos sectores está comprometiendo el futuro económico del país.
De cara al futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las políticas económicas y si se implementan cambios que puedan revertir la tendencia actual. La inversión en infraestructura, educación y ciencia es fundamental para asegurar un crecimiento sostenible a largo plazo. Sin embargo, el ajuste fiscal ha llevado a una caída de más del 70% en la obra pública en términos reales en 2024. Esto plantea un dilema: sin inversión, la economía se vuelve menos competitiva y el riesgo país se mantiene en niveles altos, lo que dificulta el acceso al crédito internacional. La situación actual sugiere que, si no se toman medidas decisivas, Argentina podría enfrentar un futuro de mayor pobreza y subdesarrollo estructural.
En resumen, la economía argentina se encuentra en una encrucijada. A pesar de contar con recursos y un contexto internacional favorable, la falta de un modelo productivo coherente y la destrucción del tejido empresarial están generando un panorama preocupante. La clave para el futuro radica en construir consensos políticos que permitan definir un proyecto productivo claro y sostenible, que no solo busque salir del apuro inmediato, sino que también garantice un desarrollo a largo plazo que beneficie a toda la población.
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