El gobierno brasileño ha anunciado un nuevo paquete de medidas económicas con el objetivo de mitigar el impacto de la creciente cotización de los combustibles, en un contexto de tensión internacional debido a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Este paquete, presentado por el ministro de Planeamiento y Presupuesto, Bruno Moretti, incluye acciones para estabilizar los precios del diesel y del gas licuado de petróleo (GLP), conocido como gas de cocina, así como del combustible de aviación. Se estima que estas medidas tendrán un costo de R$ 31 mil millones para las arcas públicas, lo que ha generado preocupación sobre la viabilidad fiscal de las mismas, especialmente en un año electoral.

A pesar de que el gobierno sostiene que las medidas son fiscalmente neutras, el contexto internacional sigue siendo incierto. Brasil, aunque es un importante exportador de petróleo, depende de las importaciones para más del 25% de los derivados que consume, lo que lo hace vulnerable a los choques de precios internacionales. En este sentido, el precio del fertilizante nitrogenado, un insumo clave para la agricultura, ha aumentado un 54% en un mes, lo que podría repercutir en los costos de producción agrícola y, por ende, en la inflación.

La guerra en el Medio Oriente ya está afectando las proyecciones de crecimiento económico a nivel global, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido sobre un aumento de la inflación y un crecimiento más lento, incluso si el conflicto se resuelve rápidamente. Esto podría obligar al Banco Central de Brasil a adoptar una política monetaria más restrictiva, lo que impactaría en la tasa Selic, que se espera que se ajuste a 12,5% a finales de año, con posibles recortes en 2026. La intervención del gobierno en el mercado de combustibles podría distorsionar las señales de precios, lo que podría llevar a un aumento en el consumo y, por ende, a una presión inflacionaria adicional.

La dependencia de Brasil de los combustibles fósiles ha sido criticada, especialmente en un momento en que otros países, como China, están invirtiendo en energías renovables para reducir su vulnerabilidad a choques externos. La falta de un programa robusto de electrificación del transporte urbano en Brasil contrasta con la estrategia china, que ha adoptado vehículos eléctricos como una forma de mitigar el impacto de la volatilidad en los precios del petróleo. Esta situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de las políticas energéticas brasileñas y su capacidad para adaptarse a un entorno global cambiante.

Mirando hacia el futuro, es crucial que los inversores y analistas sigan de cerca los desarrollos en la política fiscal y monetaria de Brasil, así como el impacto de los precios internacionales de los combustibles en la economía local. La reunión de primavera del FMI en Washington la próxima semana podría ofrecer nuevas proyecciones que afecten las expectativas de crecimiento y la inflación. Además, la evolución del conflicto en el Medio Oriente y su repercusión en los precios del petróleo seguirán siendo factores determinantes para la economía brasileña y, por ende, para el contexto regional en América del Sur.