- Se estima que se necesitarán 47,7 quintales por hectárea para cubrir costos en Carlos Tejedor, superando el promedio histórico de 36 qq/ha.
- En Santa Fe, el ingreso bruto por hectárea se sitúa en US$853, mientras que los costos totales alcanzan US$797, dejando un margen de solo US$56.
- El rendimiento de indiferencia se mantiene elevado, entre 4990 y 5020 kilos por hectárea, lo que es difícil de alcanzar comparado con rendimientos históricos de 3000 a 4500 kilos.
- Las lluvias recientes han mejorado las reservas de humedad en los suelos, lo que es positivo para la siembra, pero los altos costos de fertilizantes siguen siendo un problema.
- La reducción en el área sembrada de trigo es probable si no hay mejoras en los precios o condiciones del mercado.
La campaña de trigo de 2026 se presenta con desafíos significativos para los productores argentinos, quienes enfrentan un escenario marcado por el aumento de costos, especialmente en insumos como los fertilizantes. La guerra en Medio Oriente ha impactado directamente en la disponibilidad y precios de estos insumos, generando márgenes de rentabilidad que en muchos casos son negativos. En Carlos Tejedor, por ejemplo, el productor Dante Garciandía estima que se necesitarán 47,7 quintales por hectárea para cubrir costos, un número que supera el promedio histórico de 36 qq/ha. Esto indica que el rendimiento necesario para que la producción sea viable se ha incrementado notablemente, lo que pone en riesgo la viabilidad de la siembra en algunas regiones.
En Santa Fe, el productor José Alonso también refleja un panorama complicado. Con un rendimiento esperado de 3,91 toneladas por hectárea y un precio de US$218 por tonelada, el ingreso bruto se sitúa en US$853 por hectárea. Sin embargo, al considerar los costos totales de US$797, el margen se reduce a apenas US$56 por hectárea, lo que representa una rentabilidad del 7,1%. Este tipo de cálculos se repiten en diversas zonas productivas, donde los márgenes se ven cada vez más ajustados, lo que podría llevar a una reducción en el área sembrada si no se observan mejoras en los precios o en las condiciones generales del mercado.
El contexto climático, por otro lado, ofrece un respiro. Las recientes lluvias han permitido recargar los perfiles de humedad en los suelos, lo que es crucial para la siembra del trigo. Sin embargo, los analistas advierten que, aunque el precio del trigo ha mostrado cierta estabilidad, el aumento de los costos de producción, especialmente en fertilizantes, sigue siendo un factor determinante. Alejandro Vejrup, gerente de la Cooperativa Alfa, señala que, a pesar del incremento en los precios del trigo, el rendimiento de indiferencia se ha mantenido elevado, lo que indica que los productores deben alcanzar niveles de producción que históricamente no han sido comunes en la región.
Las implicancias para los inversores son claras: el aumento en los costos de producción y la posibilidad de márgenes negativos podrían llevar a una reducción en la oferta de trigo en el mercado. Esto, a su vez, podría influir en los precios internacionales del trigo, especialmente si Argentina, uno de los principales exportadores, decide disminuir su área sembrada. Además, el financiamiento se convierte en un tema crítico, ya que los productores deben afrontar costos iniciales elevados para la siembra, lo que podría limitar su capacidad de inversión en tecnología y mejoras en la producción.
Mirando hacia el futuro, los productores y analistas estarán atentos a la evolución de los precios internacionales de los fertilizantes y del trigo, así como a las condiciones climáticas que podrían afectar la siembra. La próxima campaña de trigo será un termómetro para evaluar la salud del sector agropecuario argentino y su capacidad de adaptación a un entorno cada vez más desafiante. Con la siembra programada para los próximos meses, la atención se centrará en cómo se desarrollan los precios y si se logran mejoras en los márgenes de rentabilidad para los productores.
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