El reciente estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha generado un impacto significativo en los mercados globales, especialmente en el precio del petróleo, que ha experimentado un aumento considerable. Este evento ha llevado a los gestores de fondos multimercados a replantear sus estrategias de inversión, ya que la situación ha cambiado drásticamente en poco tiempo. Según Rodrigo Azevedo de Ibiuna Investimentos, lo que antes era un portafolio ganador se ha revertido, con posiciones que pasaron de ser positivas a negativas en cuestión de días.

El entorno económico que se vislumbraba al inicio del año era favorable, con un dólar débil y mercados bursátiles en alza. Sin embargo, la guerra ha alterado esta perspectiva, provocando que los gestores ajusten sus expectativas sobre las tasas de interés. En Europa, por ejemplo, se ha anticipado un aumento de tasas debido a la dependencia del gas natural, lo que contrasta con la situación en Brasil, donde la tasa de cambio y la bolsa han mostrado una menor volatilidad. Esto se debe a que Brasil, como exportador de petróleo, ha visto menos impacto inmediato en su economía.

A medida que la guerra se prolonga, las implicancias para los países consumidores de energía se vuelven más severas. Bruno Cordeiro de Kapitalo Investimentos advierte que, si el conflicto continúa por más de 30 días, la disponibilidad de derivados de petróleo en Asia podría verse comprometida, lo que podría llevar a racionamientos. Esto es particularmente relevante para los mercados emergentes, donde los efectos del aumento de precios pueden ser más pronunciados. En este sentido, el mercado está ajustando sus expectativas sobre la inflación, que ha comenzado a repuntar en Brasil, lo que limita el espacio para una reducción de tasas por parte del Banco Central.

Las proyecciones actuales indican que el Banco Central podría recortar las tasas en solo 100 puntos básicos para 2026, manteniendo la Selic en un 14%. Azevedo señala que el comportamiento del tipo de cambio y las expectativas inflacionarias son factores determinantes en la capacidad del Banco Central para implementar recortes más agresivos. La presión inflacionaria es un riesgo latente, especialmente con ajustes de precios que están indexados a la inflación, lo que podría perpetuar el efecto del choque inflacionario en la economía brasileña.

Mirando hacia el futuro, los inversores deben estar atentos a varios eventos clave. Las elecciones en Hungría y Colombia podrían tener repercusiones en los mercados, especialmente si se producen cambios significativos en la política económica. Además, la revisión del Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil, que se ha ajustado a un crecimiento del 1,5% para este año, podría ser un indicador de cómo la economía está respondiendo a estos choques externos. La incertidumbre en torno a la guerra y sus efectos secundarios en la economía global seguirán siendo un tema central en las discusiones de inversión en los próximos meses.