El cierre del estrecho de Ormuz debido a la guerra en Oriente Medio ha desatado una crisis energética global sin precedentes. Este estrecho, que representa una franja de apenas 35 kilómetros, era responsable de la circulación de una quinta parte del petróleo mundial, es decir, 24 millones de barriles diarios. En las últimas semanas, 10 millones de barriles han sido retirados del mercado global, lo que ha generado serias complicaciones en el abastecimiento de combustibles en diversas regiones del mundo. Aeropuertos en Italia han comenzado a racionar el combustible para aviones, mientras que Australia se encuentra en negociaciones urgentes con sus socios asiáticos para asegurar el suministro de nafta y gasoil. En América Latina, Chile ya ha visto un aumento del 40% en los precios de los combustibles, lo que resalta la gravedad de la situación.

A diferencia de estos países, Argentina se encuentra en una posición relativamente favorable. El país no solo produce petróleo, sino que también cuenta con refinerías propias, lo que le permite mantener un suministro constante de combustible. Actualmente, Argentina extrae aproximadamente 882.000 barriles diarios, de los cuales destina 570.400 al mercado interno y el resto se exporta. Esta capacidad de producción y refinación coloca a Argentina en una situación que pocos países pueden exhibir en el contexto actual de crisis energética.

Sin embargo, la situación no es completamente tranquila. En el último mes, el precio de la nafta y el gasoil en Argentina ha aumentado un 20%. A pesar de que el barril de petróleo local se cotiza a US$90, por debajo de la referencia internacional de US$103, existe un acuerdo informal entre YPF y las productoras para mantener el precio del barril por 45 días. Este acuerdo busca evitar la intervención estatal que podría desalinear los incentivos de producción justo cuando Vaca Muerta, una de las principales reservas de petróleo del país, está operando a su máxima capacidad.

A pesar de estas ventajas, hay señales de alerta en el mercado. El precio mayorista del gasoil ha superado entre un 8% y un 10% el precio en las estaciones de servicio, una relación que históricamente era inversa. Este cambio se produce en un momento crítico para el sector agropecuario, que está comenzando la cosecha gruesa y necesita gasoil para sus operaciones. Si esta brecha de precios no se corrige, el riesgo de escasez o encarecimiento del combustible podría impactar directamente en los costos de producción agrícola y, en última instancia, en los precios de los alimentos.

La crisis global de combustibles no es algo que se resolverá rápidamente. Las cadenas de distribución tienen latencias de 30 días o más, y los países que actualmente parecen abastecidos por tener stock propio sentirán el impacto a medida que esas reservas se agoten. Argentina tiene márgenes que sus vecinos no poseen, pero su estabilidad dependerá de que el acuerdo informal de precios se mantenga, de que la demanda mayorista no se traslade al surtidor y de que la producción de Vaca Muerta continúe sin interrupciones. Los próximos meses serán cruciales para observar cómo se desarrolla esta situación y qué medidas se implementan para mitigar los efectos de la crisis energética en el país.