En 2024, México captó 970 millones de dólares en capital de riesgo, lo que representa un aumento significativo en comparación con años anteriores. Este crecimiento se traduce en un total de 73 transacciones que sumaron 1,518 millones de dólares en 2025, lo que indica un interés renovado por parte de los inversores en el ecosistema emprendedor mexicano. Sin embargo, a pesar de estas cifras alentadoras, el país enfrenta desafíos estructurales que podrían limitar el potencial de este crecimiento a largo plazo.

La Radiografía del Emprendimiento en México 2025, elaborada por la ASEM, revela que el 73% de los emprendedores no está al tanto de los programas gubernamentales de apoyo, y un 34% no utiliza herramientas digitales de manera regular. Estos datos reflejan una desconexión preocupante entre las políticas públicas y la realidad operativa de los emprendedores, lo que sugiere que, aunque hay capital disponible, su efectividad podría verse comprometida por la falta de información y recursos adecuados.

Además, el cierre del INADEM en 2019 dejó un vacío en el apoyo institucional a los emprendedores, y solo el 21% de los encuestados ha recibido algún tipo de asistencia. Aunque el Plan México proyecta inversiones por 277,000 millones de dólares entre 2025 y 2030, su éxito dependerá de la implementación efectiva de incentivos fiscales, desarrollo de talento y certeza jurídica, áreas donde el país ha sido inconsistente en el pasado.

El contexto internacional también juega un papel crucial. La escalada arancelaria de Estados Unidos redefine las oportunidades para México, que se beneficia de su integración en la arquitectura productiva de Norteamérica. Con casi 41 mil millones de dólares en inversión extranjera directa captados entre enero y septiembre de 2025, y una expectativa de exportaciones que superarán los 700,000 millones de dólares en 2026, el país se posiciona favorablemente en el mercado global. Sin embargo, la falta de integración real de las pymes podría traducirse en un crecimiento limitado, centrado más en el ensamblaje que en la innovación.

A largo plazo, es fundamental que las universidades asuman un papel más activo en la creación de propiedad intelectual comercializable y en la conexión entre la investigación y el mercado. Modelos como el del Tecnológico de Monterrey buscan cerrar la brecha entre el conocimiento y la creación de valor económico. Para que el ecosistema emprendedor madure, es esencial que se mida no solo la cantidad de emprendimientos, sino su capacidad de sobrevivir, escalar y generar valor acumulativo en el tiempo. En este sentido, la disciplina institucional será clave para convertir las oportunidades en transformaciones duraderas.