Chile enfrenta un inicio de año complicado, el peor desde la pandemia, según Rosario Navarro, presidenta de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa). Durante un seminario titulado "Nuevos Vientos de la Economía 2026: Ajustando el Rumbo", Navarro destacó que el Imacec de febrero mostró una caída del 0,3%, lo que se traduce en un retroceso acumulado del 0,4% en los primeros dos meses del año. Esta situación se agrava con un desempleo que se mantiene por encima del 8% durante 38 meses consecutivos, lo que representa un déficit de 190.000 empleos en comparación con los niveles previos a la pandemia. Además, la tasa de crecimiento promedio en los últimos cuatro años se sitúa en apenas un 2%, muy por debajo de la meta del 4% establecida por el gobierno.

El contexto económico se complica aún más con el reciente aumento en los precios del petróleo, que han escalado de 70 a 110 dólares en solo tres semanas. Navarro advirtió que este incremento, asociado a las tensiones en Medio Oriente, podría elevar temporalmente la inflación en Chile y moderar las expectativas de crecimiento para el año en curso. La presidenta de Sofofa subrayó que la economía chilena, siendo pequeña y abierta, es particularmente vulnerable a estos shocks externos, lo que se traduce en un impacto más severo en el costo de vida y en la actividad económica.

En su diagnóstico, Navarro atribuyó el deterioro de la economía chilena a decisiones de política económica que han hecho que invertir en el país sea cada vez más costoso y complejo. Mencionó el aumento de impuestos a niveles altos y la incertidumbre jurídica que enfrentan los inversores. Además, criticó el sistema de permisos, que describió como lento, incierto y discrecional, lo que ha llevado al Estado a actuar más como un obstáculo que como un promotor del desarrollo. Esta situación ha generado una falta de confianza en el sector privado, lo que a su vez ha frenado la inversión necesaria para reactivar la economía.

Frente a este panorama, Navarro propuso tres líneas de acción para abordar la crisis. La primera es la revisión del sistema de permisos, buscando simplificar trámites y adoptar tecnologías como la inteligencia artificial para mejorar la eficiencia de la administración pública. A pesar de valorar la nueva Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, enfatizó que aún hay cerca de 96.000 millones de dólares en proyectos de inversión que están pendientes de calificación ambiental, lo que requiere una atención urgente. La segunda línea de acción se centra en el uso más eficiente de los recursos públicos, dado que un déficit estructural del 3,6% es insostenible para la economía chilena. Por último, propuso fortalecer la confianza a través de reglas claras y acuerdos de largo plazo que trasciendan los ciclos políticos.

La situación económica de Chile tiene implicancias directas para el contexto regional, especialmente para Argentina. La dependencia de ambos países de las exportaciones y su exposición a los precios internacionales de las materias primas, como el petróleo, puede influir en la estabilidad económica de la región. Los inversores argentinos deben estar atentos a cómo las decisiones de política económica en Chile podrían afectar las dinámicas comerciales y de inversión en el Cono Sur. En este sentido, la evolución de los precios del petróleo y su impacto en la inflación serán factores clave a monitorear en los próximos meses, así como la respuesta del gobierno chileno a las recomendaciones de la Sofofa.

A futuro, es crucial observar cómo el gobierno chileno implementará las propuestas de Navarro y si logrará revertir la tendencia negativa que ha caracterizado a la economía en los últimos años. Las próximas decisiones de política económica, así como la evolución de los precios internacionales de los commodities, serán determinantes para el desempeño económico de Chile y su impacto en la región. Además, la reacción del mercado ante estas medidas podría ofrecer señales sobre la confianza de los inversores en la recuperación económica chilena y, por ende, en la estabilidad del Cono Sur.