Los ingresos fiscales de febrero han mostrado una tendencia a la baja que se ha mantenido desde agosto del año pasado, reflejando una actividad económica más débil y las medidas implementadas por el Gobierno. La recaudación totalizó $16,2 billones, lo que representa un crecimiento nominal del 20%, pero una caída real del 9% al ajustar por inflación.

Entre los factores que han contribuido a esta disminución se encuentra la fuerte caída en el comercio exterior. Las retenciones a las exportaciones, por ejemplo, se desplomaron casi un 40%, lo que se atribuye a la reducción de alícuotas para el sector agropecuario. Además, las importaciones también sufrieron una caída del 26% en comparación con el mismo mes del año anterior, afectando así la recaudación de aranceles.

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) fue uno de los más afectados, con una baja real del 13,7%, lo que indica que la facturación del mercado interno no ha logrado mantenerse al ritmo de la inflación. Por otro lado, el impuesto a los Débitos y Créditos bancarios también mostró una merma del 7,7%, reflejando la baja del consumo y la actividad económica en general.

A pesar de este panorama negativo, el único impuesto que registró un aumento fue el Impuesto a los Combustibles, que creció un 18,8% en términos reales. En general, la recaudación tributaria nacional ha descendido un 8,7% real interanual durante el primer bimestre de 2026, lo que plantea un desafío significativo para las finanzas públicas en un contexto de alta inflación y actividad económica débil.