La escalada del conflicto en Irán ha comenzado a afectar significativamente uno de los motores más importantes de la economía global: la inteligencia artificial (IA). Este enfrentamiento ha elevado los precios de la energía, lo que a su vez ha tensionado las cadenas de suministro de semiconductores y ha generado incertidumbre sobre la continuidad de las inversiones en centros de datos, esenciales para el desarrollo tecnológico. Según datos de Vontobel, se estima que la inversión en IA representará el 50% del crecimiento del PBI de Estados Unidos en 2025, con proyecciones aún más optimistas para los años siguientes, como lo indica un informe de S&P Global que prevé que gigantes tecnológicos como Microsoft y Amazon invertirán en conjunto unos USD 635.000 millones en 2026, un aumento significativo respecto a los USD 383.000 millones del año anterior.

El primer impacto del conflicto se manifiesta en el sector energético. Los centros de datos que sustentan el desarrollo de la IA requieren cantidades cada vez mayores de electricidad para entrenar modelos, almacenar información y mantener los servicios digitales. La Agencia Internacional de Energía (AIE) reporta que el consumo mundial de centros de datos alcanzó 415 teravatios en 2024, lo que equivale al 1,5% de la demanda eléctrica global. Se proyecta que este consumo podría escalar hasta 1.050 teravatios hacia 2026, impulsado por la expansión de la IA generativa y el crecimiento del procesamiento en la nube. Este aumento en el consumo energético impacta directamente en la rentabilidad del sector, ya que la consultora McKinsey estima que la energía puede representar hasta el 25% de los costos operativos de un centro de datos.

El conflicto no solo afecta el costo de la energía, sino que también tiene implicaciones serias para la industria del hardware. La fabricación de semiconductores, cruciales para la IA, depende de cadenas de suministro globalizadas y de grandes cantidades de energía. Capital Economics advierte que países clave en la producción de chips, como Corea del Sur y Taiwán, dependen en gran medida de importaciones energéticas de Medio Oriente. Un aumento sostenido en los precios de la energía podría elevar los costos de producción y presionar la rentabilidad del sector. Taiwán, que produce más del 90% de los semiconductores avanzados del mundo, importa cerca del 97% de su energía, lo que lo hace particularmente vulnerable a las fluctuaciones en el mercado energético.

Además, el conflicto en Irán ha generado preocupaciones sobre el suministro de materiales críticos para la fabricación de semiconductores, como el helio, cuyo precio se ha duplicado desde el inicio de la guerra. La oferta global de helio está altamente concentrada, con Qatar produciendo más de un tercio del total. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría reducir la oferta mundial en más del 25%, lo que afectaría la producción de chips avanzados en un momento en que la demanda global está en niveles récord. Asimismo, el bromo, otro material esencial en la fabricación de semiconductores, también está bajo presión, ya que dos tercios de su producción mundial provienen de Israel y Jordania, regiones también afectadas por tensiones geopolíticas.

Las implicancias para los inversores son significativas. La construcción de centros de datos requiere inversiones masivas, muchas de las cuales se financian con deuda. Antes del conflicto, se esperaba que las tasas de interés en Estados Unidos y Europa se redujeran, pero el nuevo contexto inflacionario podría obligar a las autoridades monetarias a mantener las tasas altas o incluso a considerar nuevas subidas. Esto afectaría directamente al sector tecnológico, ya que un aumento en el costo del financiamiento reduciría el retorno esperado de las inversiones en infraestructura digital. Capital Economics señala que condiciones financieras más restrictivas podrían llevar a las empresas a recortar o retrasar proyectos vinculados a la IA, especialmente aquellos que requieren grandes desembolsos iniciales.

A pesar de estas tensiones, muchos analistas consideran que el impacto final dependerá de la duración del conflicto. Si la guerra se resuelve en el corto plazo, el auge de la IA podría continuar con relativa normalidad. Sin embargo, la crisis emergente destaca las vulnerabilidades en las cadenas de suministro globales, especialmente para materias primas críticas obtenidas de regiones políticamente inestables. Una escasez prolongada de helio podría llevar a importantes escaladas de precios, aumentando los costos operativos para los fabricantes y potencialmente traduciéndose en precios más altos para los consumidores de productos electrónicos. En este sentido, la situación en Irán no solo afecta a la industria tecnológica, sino que también podría tener repercusiones en el crecimiento económico global, especialmente en sectores que dependen de la tecnología de vanguardia.