La reciente escalada de precios del petróleo, impulsada por la crisis energética tras el cierre del Estrecho de Ormuz por Irán, ha puesto a Brasil en el centro de atención como un actor clave en la seguridad energética de América. En febrero de 2026, la producción de petróleo de Brasil alcanzó un récord de 4.1 millones de barriles por día (bpd), lo que representa un aumento del 16.4% en comparación con el año anterior. Este crecimiento se atribuye en gran parte a los campos de petróleo pre-sal, que ahora representan el 76% de la producción total del país. Este incremento en la producción no solo es significativo para Brasil, sino que también tiene implicaciones para la oferta global de petróleo, especialmente en un contexto donde los suministros de la OPEP son inciertos.

El crecimiento de la producción de petróleo en Brasil se ha visto acompañado por un aumento en la producción de gas natural, que en febrero de 2026 alcanzó casi 7 millones de pies cúbicos por día, un incremento del 24.5% interanual. A pesar de ser el segundo productor de gas natural en América del Sur, Brasil sigue siendo un importador neto de este recurso, lo que lo hace vulnerable a las fluctuaciones de precios en un mercado global cada vez más inestable. La reciente reducción de la capacidad de exportación de gas natural licuado (GNL) de Catar, que representa aproximadamente el 20% del suministro mundial, ha exacerbado esta vulnerabilidad, especialmente para los países que dependen de las importaciones de GNL.

En respuesta a la crisis energética, el gobierno brasileño ha implementado un impuesto del 12% sobre las exportaciones de petróleo, con el objetivo de aumentar los ingresos del gobierno y asegurar el suministro interno de combustible. Esta medida busca mitigar el impacto de los precios globales en la economía local, que ya se enfrenta a desafíos en su sector agrícola, donde la producción de soja se ve amenazada por el aumento de los costos de energía. La estrategia del gobierno refleja una necesidad urgente de equilibrar la demanda interna con las oportunidades de exportación en un mercado global volátil.

La empresa estatal Petrobras, que controla el 37% del mercado, planea invertir 69.2 mil millones de dólares entre 2026 y 2030, con un enfoque significativo en las operaciones pre-sal. Se espera que esta inversión impulse la producción a 2.6 millones de bpd para 2030, lo que contribuirá a un aumento general en la producción de petróleo y gas en Brasil. Con la creciente inversión en el sector energético, Brasil podría convertirse en el cuarto mayor productor de petróleo del mundo, superando a Canadá, lo que tendría un impacto positivo en su balanza comercial y en la seguridad energética de la región.

A medida que la producción de petróleo y gas en Brasil continúa creciendo, se anticipa que las exportaciones aumenten en un 10% durante 2026, impulsadas por la demanda de mercados como China, que representa el 45% de las exportaciones de petróleo brasileño. La inestabilidad en el Medio Oriente y la reducción de las importaciones de petróleo de Venezuela también están creando oportunidades para que Brasil aumente su participación en el mercado global. Los inversores deben prestar atención a cómo estas dinámicas afectarán no solo a Brasil, sino también a la economía argentina, que podría beneficiarse de un entorno de precios más altos en el petróleo y el gas.