Una reciente encuesta de Gallup ha revelado un cambio significativo en la percepción global sobre las potencias mundiales, donde la aprobación de la liderazgo chino ha alcanzado un 36%, superando en 5 puntos a la de Estados Unidos, que se sitúa en 31%. Este es el mayor margen de favorabilidad que China ha tenido sobre EE.UU. en casi dos décadas. La caída en la aprobación de la administración estadounidense se ha acelerado entre 2024 y 2025, un periodo en el que el apoyo global a la dirección de EE.UU. disminuyó de un 39% a un 31%. En el contexto de la OTAN, la aprobación de EE.UU. se desplomó a un alarmante 21% en 2025, lo que refuerza la percepción de un desgaste entre sus aliados tradicionales.

Este cambio en la percepción no puede ser atribuido únicamente a la política exterior de EE.UU., sino que refleja una transformación más profunda en la imagen de China. Durante años, EE.UU. ha sido el líder indiscutido en términos de soft power, exportando no solo su influencia militar y política, sino también su cultura tecnológica a través de gigantes como Microsoft, Apple y Google. Sin embargo, la narrativa ha cambiado: la tecnología china ahora se asocia más con la eficiencia y la accesibilidad, en lugar de un ideal futurista. Esto se manifiesta en productos como vehículos eléctricos asequibles, infraestructura de 5G y plataformas de comercio electrónico altamente competitivas.

La industria de vehículos eléctricos es un ejemplo clave de esta transformación. Mientras que Tesla ha popularizado el automóvil eléctrico en Occidente, fabricantes chinos como BYD han logrado escalar la producción a niveles globales. En 2024, China representó casi dos tercios de las ventas mundiales de vehículos eléctricos, con más de 11 millones de unidades vendidas. BYD, en particular, superó a Tesla en ventas globales en 2025, vendiendo aproximadamente 2,257 millones de vehículos, mientras que Tesla enfrentó una caída en su rendimiento. Este cambio en el liderazgo del mercado automotriz resalta la capacidad de China para ofrecer productos a precios más bajos y con una cadena de suministro integrada.

La influencia de China en el sector de energía solar también es notable. Se estima que para 2026, China concentrará más del 80% de la capacidad global de manufactura solar, lo que le permitirá influir en los precios y en las cadenas de suministro de energía limpia a nivel mundial. Este dominio no solo afecta a los mercados de tecnología y energía, sino que también tiene implicaciones significativas para las economías emergentes que dependen de estas tecnologías para su desarrollo.

A medida que la competencia entre China y EE.UU. se intensifica, es crucial que los inversores y analistas sigan de cerca cómo estas dinámicas afectan a los mercados regionales, especialmente en América Latina, donde la influencia china está en aumento. Las decisiones políticas y económicas en ambos países tendrán repercusiones en las relaciones comerciales y en la inversión extranjera directa en la región. Eventos como la cumbre del G20 en 2026 y las elecciones presidenciales en EE.UU. podrían ser momentos clave para observar cómo se desarrollan estas relaciones y qué impacto tendrán en los mercados locales.