En el marco de un proceso electoral inusual en Perú, donde 35 candidatos compiten por la presidencia, los inversionistas están cada vez más preocupados por el riesgo de un gobierno populista. La fragmentación del electorado y la desconfianza hacia la clase política han llevado a una atmósfera de incertidumbre, donde la prioridad de muchos ciudadanos es cubrir sus necesidades básicas. Este contexto ha generado que el populismo se convierta en una preocupación central para los analistas del mercado, quienes advierten que todos los candidatos, independientemente de su ideología, presentan propuestas que podrían ser consideradas populistas.

Los analistas de BBVA Research han señalado que el populismo se ha vuelto endémico en la política peruana, exacerbándose desde el inicio de la pandemia. Gobiernos sucesivos han promulgado leyes que, aunque populares, han resultado en un gasto público excesivo y en ocasiones perjudicial. Un ejemplo de esto es la extensión del régimen de Reinfo en el sector minero. La preocupación radica en que, independientemente de quién gane las elecciones, las medidas populistas podrían seguir afectando la estabilidad fiscal del país, lo que podría tener repercusiones en la economía en general.

Luis Ramos, gerente de estrategia de renta variable de LarrainVial Research, enfatiza que el tipo de candidato que asuma la presidencia es menos relevante que la naturaleza populista de sus propuestas. Esto se traduce en un riesgo de inestabilidad económica, ya que el modelo económico podría cambiar con una simple votación en el Congreso. La fragmentación partidaria podría limitar cambios drásticos en la Constitución, pero no impediría la aprobación de leyes populistas que comprometan la responsabilidad fiscal del país.

La situación actual ha llevado a una disminución en la participación de inversionistas extranjeros en la bolsa peruana, lo que ha encarecido el acceso a financiamiento para proyectos importantes. Desde 2021, la salida de capitales foráneos ha sido constante, lo que ha elevado las tasas de interés y, por ende, el costo del servicio de deuda tanto para el Estado como para el sector privado. Esto se traduce en menos recursos disponibles para áreas críticas como educación, salud y seguridad, lo que podría agravar la situación social y económica del país.

De cara al futuro, los inversionistas deberán estar atentos a los resultados de la primera vuelta electoral y a las posibles alianzas que se formen entre los candidatos. La fragmentación del electorado podría llevar a una segunda vuelta entre candidatos con propuestas populistas, lo que aumentaría la incertidumbre en los mercados. Las elecciones están programadas para abril de 2026, y los resultados tendrán un impacto significativo en la dirección económica del país durante los próximos cinco años. La capacidad del nuevo gobierno para manejar la economía y evitar medidas populistas será crucial para la estabilidad financiera de Perú y su relación con los mercados internacionales.