Los últimos informes de bancos internacionales como BBVA y Citi presentan un panorama complejo para la economía argentina en los próximos años. A pesar de las proyecciones optimistas del gobierno, se anticipa que la inflación no solo se mantendrá elevada, sino que también podría alcanzar un 24% anual para 2026. Este escenario se ve agravado por la aceleración de la inflación mensual desde mayo de 2025, lo que indica que el proceso de desinflación será más lento de lo esperado.

BBVA señala que, aunque la inflación anual se espera que baje desde el 117,8% registrado en diciembre de 2024, la trayectoria no será lineal. La entidad proyecta que la inflación mensual comenzará a descender en mayo, impulsada por una menor incidencia de aumentos en carne y combustibles. Sin embargo, el riesgo de una indexación salarial que supere la inflación proyectada podría llevar a un escenario más complicado. Por su parte, Citi estima una inflación del 26% para 2026, destacando la persistencia de la inflación y la posibilidad de un escenario de estanflación, donde la desaceleración económica se combine con precios en aumento.

El tipo de cambio también se presenta como un factor crítico. BBVA prevé que el dólar alcance los $1.760 a fines de 2026, lo que representa un incremento del 26% respecto al nivel actual de $1.394. Citi, por su parte, proyecta un dólar a $1.776, un aumento del 27%. Ambos bancos coinciden en que la apreciación del peso no puede ser sostenida de manera persistente, y que el tipo de cambio debe actuar como un amortiguador ante posibles shocks económicos. Esta situación se complica aún más con la inestabilidad en el mercado cambiario y la necesidad de acumular reservas en el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Las proyecciones de crecimiento económico también son motivo de preocupación. BBVA y Citi estiman un crecimiento del 3% y 3,2% respectivamente para 2026, cifras que están por debajo del 4,4% registrado el año anterior. Esta desaceleración se atribuye al endurecimiento de las condiciones monetarias, la menor capacidad de consumo y un ajuste fiscal que afecta la actividad económica. La recuperación se presenta como asimétrica, beneficiando a sectores vinculados a commodities, mientras que aquellos que generan mayor empleo, como la industria y el comercio, continúan en contracción.

El dilema del gobierno radica en cómo manejar las tasas de interés. Por un lado, busca contener la inflación y el tipo de cambio, lo que requiere mantener tasas atractivas en términos reales. Sin embargo, la actividad económica sigue débil, con una mora crediticia en niveles históricos. BBVA estima que el gobierno mantendrá tasas alineadas con la inflación, pero no elevadas en términos reales, para no perjudicar aún más la actividad y el crédito. Esta falta de claridad en la política monetaria podría generar incertidumbre en el mercado y complicar aún más la situación económica del país en el futuro cercano.