Este año se conmemora el Arizmendiarrietaren Urtea, en honor a José María Arizmendiarrieta, figura clave del cooperativismo en el País Vasco, cuyo legado se manifiesta en la exitosa Experiencia Cooperativa de Mondragón. En 2024, los grupos cooperativos y cooperativas individuales generaron más de 14.300 millones de euros en facturación y emplearon a cerca de 87.000 personas en todo el mundo. Este modelo empresarial, que combina la rentabilidad con un enfoque humanista, está ganando terreno en un contexto donde los trabajadores buscan más que un simple salario; desean un propósito en su labor diaria.

El cooperativismo, según Arizmendiarrieta, es un humanismo que prioriza el bien común y la dignidad de las personas. En la actualidad, muchas empresas están reconociendo que los nuevos profesionales, especialmente aquellos que han crecido en la era digital, valoran un sentido de pertenencia y propósito en su trabajo. Esta tendencia se observa no solo en Europa, sino también en Estados Unidos, donde expertos en gestión empresarial argumentan que las organizaciones deben generar valor social además de beneficios económicos para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

La idea de la Empresa Humanista, aunque puede parecer un concepto idealista, está respaldada por estudios que indican que solo el 20% de los empleados se sienten realmente comprometidos con los objetivos de sus organizaciones. Factores como el estilo de liderazgo y la falta de empoderamiento son determinantes en esta desafección. Por ejemplo, encuestas en Estados Unidos revelan que un alto porcentaje de directivos se considera entre los mejores en rendimiento, lo que contrasta con la realidad de la mayoría de los empleados que no se sienten valorados.

El enfoque en la humanocracia, propuesto por Gary Hamel, sugiere que el desarrollo empresarial debe centrarse en potenciar las capacidades humanas. Este modelo contrasta con la burocracia tradicional y busca crear organizaciones que reflejen la grandeza de las personas que las integran. La implementación de estos principios no solo mejora el bienestar de los empleados, sino que también puede resultar en un aumento significativo de la productividad y la rentabilidad de las empresas.

A medida que el mundo empresarial evoluciona, es esencial que las empresas adopten modelos inclusivos y participativos, como el que se ha desarrollado en el País Vasco. Este modelo, que ha sido respaldado por los parlamentos regionales, busca integrar los valores humanistas en la gestión empresarial. Para los inversores, esta tendencia hacia la humanización del trabajo puede representar oportunidades en sectores que priorizan el bienestar de sus empleados y la sostenibilidad a largo plazo, especialmente en un contexto donde la competitividad se ve influenciada por la capacidad de atraer y retener talento.