La reciente escalada en los precios del petróleo, impulsada por la guerra en Medio Oriente, ha generado un impacto significativo en la economía argentina. Según el economista Julián Rojo, cada aumento de un dólar en el precio del barril Brent podría traducirse en un saldo adicional de US$100 millones anuales para el país. Este incremento en los precios no solo beneficia a las exportaciones, sino que también plantea desafíos en términos de inflación y costos internos, especialmente en el sector energético y de transporte.

El contexto actual se caracteriza por una creciente presión sobre los precios de los combustibles, tanto domésticos como importados. La guerra ha obstruido el comercio en el canal de Ormuz, afectando la oferta de petróleo y gas natural licuado. Aunque el problema del gas es más agudo en Asia, Argentina enfrenta un panorama complicado debido a los precios más altos de los hidrocarburos. Esto se traduce en un aumento en los costos de transporte, logística y generación eléctrica, lo que a su vez impacta en los precios al consumidor.

A pesar de los efectos negativos, hay un aspecto positivo: las exportaciones de petróleo, impulsadas por el desarrollo de Vaca Muerta, están en aumento. Se espera que para 2026, las exportaciones totales alcancen entre US$13.000 y US$14.000 millones, siempre que los precios se mantengan en niveles altos. Sin embargo, las decisiones de inversión en el sector energético tienden a ser cautelosas y se basan en proyecciones a largo plazo, más que en picos de precios temporales.

El impacto interno de estos cambios es notable. Los consumidores ya están sintiendo el efecto del aumento en los precios de los combustibles, lo que contribuye a la inflación. Además, el encarecimiento de las importaciones de gas natural y gasoil, especialmente en invierno, afecta los costos de generación eléctrica y los precios en el sector agroindustrial. Esto plantea un desafío para el gobierno, que debe equilibrar la necesidad de ajustar tarifas con la presión inflacionaria que enfrentan los hogares.

De cara al futuro, el gobierno argentino tiene la oportunidad de implementar ajustes en el esquema de subsidios energéticos, que se han vuelto más focalizados y eficientes. Sin embargo, la transición hacia un nuevo modelo tarifario debe ser manejada con cuidado para no interrumpir el proceso de normalización. La construcción del oleoducto de Vaca Muerta Sur, que permitirá evacuar petróleo a un costo más bajo, también es un factor a considerar en la estrategia de crecimiento del sector energético argentino. La proyección de precios del petróleo se mantiene alta, con estimaciones que rondan los US$90 por barril para 2026, lo que podría seguir beneficiando a las exportaciones argentinas en el mediano plazo.