El contexto económico global enfrenta un desafío fiscal significativo, exacerbado por las medidas de apoyo implementadas durante la pandemia de Covid-19. Desde 2019, la deuda pública global ha aumentado aproximadamente 15 puntos porcentuales del PIB, alcanzando niveles que superan el 95% del PIB en 2025, con proyecciones que sugieren un acercamiento al 100% al final de la década. Este aumento en el endeudamiento se ha traducido en déficits elevados que persisten incluso tras la emergencia sanitaria, lo que plantea serias interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

En Brasil, la situación es particularmente crítica. La necesidad de mantener tasas de interés reales elevadas para controlar la inflación ha llevado a un entorno de alto costo de capital. A pesar de un crecimiento moderado y un crédito resiliente, la economía brasileña enfrenta dificultades para alcanzar su meta de inflación. Este fenómeno ha llevado a un debate entre economistas y empresarios sobre las causas subyacentes de esta situación, donde se ha señalado que los altos intereses no son una fatalidad, sino el resultado de un mix fiscal expansivo y recurrente.

Históricamente, Brasil ha experimentado períodos de tasas de interés más bajas durante fases de consolidación fiscal. Por ejemplo, entre 2016 y 2019, tras la implementación del techo de gastos, las tasas de interés a largo plazo cayeron de aproximadamente 16% a menos del 10%, mientras que la tasa Selic se redujo de 14,5% a cerca de 5%. Este contraste con el período actual, donde las tasas son significativamente más altas, resalta la relación directa entre la política fiscal y las tasas de interés en el país.

Las implicaciones para los inversores son claras. Un entorno de tasas de interés elevadas puede afectar negativamente el costo del financiamiento y, por ende, la inversión en el país. Además, la carga tributaria en Brasil se encuentra en niveles altos, con una recaudación que se aproxima al 38% del PIB. Esto limita la capacidad del gobierno para implementar ajustes fiscales que no erosionen aún más la base tributaria, creando un ciclo vicioso que podría comprometer el crecimiento a largo plazo.

A futuro, es crucial que Brasil busque un equilibrio entre la política fiscal y monetaria para reducir de manera sostenible el costo del capital. La literatura económica sugiere que medidas como la reversión de indexaciones y ajustes estructurales en el gasto pueden ser efectivas para restaurar la credibilidad y acelerar la disminución de las tasas de interés. Un resultado primario entre 1% y 2% del PIB en los próximos años podría ser un paso hacia un círculo virtuoso de crecimiento y estabilidad económica. La atención debe centrarse en cómo el gobierno abordará estos desafíos en el corto y mediano plazo, especialmente en el contexto de las elecciones y cambios políticos que podrían influir en la dirección de la política económica.